La presencia de símbolos de la dictadura en nuestras calles y plazas

A lo largo de esta semana, he podido leer un par de noticias muy positivas para la salud democrática de este país.

La primera, vista en elpais.com (esta es del mes de marzo) es que por fin la Junta de Andalucía se va ponerse manos a la obra con la retirada de placas y otras alusiones de la dictadura; la segunda, vista en la edición digital del diario El Correo del pasado 10 de mayo, hace referencia  a la retirada de estos mismos símbolos de las calles y edificios de la ciudad de Durango (Bizkaia).

A lo largo de los 36 años que duró la dictadura, desde 1939 hasta 1975, el bando vencedor en la guerra civil (los mal llamados “nacionales”) no dejaron de hacer propaganda de su victoria en la guerra, no solo en los discursos que el dictador realizaba en radio y televisión, sino también en los nombres de muchas calles o plazas, hospitales, placas conmemorativas con sus “gestas”, etc.

Muchas se retiraron cuando volvió la democracia pero muchas otras siguen hasta el día de hoy, pienso que el desconocimiento que todavía tenemos sobre nuestro pasado más reciente hace que a muchas personas no les importe que tal calle tenga el nombre del dictador o de alguno de sus colaboradores. En otros casos, nostálgicos de la dictadura reconvertidos en poderes políticos o religiosos, se encargan de mantener el reloj parado en 1939.

En países con democracias más consolidadas, no existen calles dedicadas a los dictadores del siglo XX y que tanto daño causaron a sus pueblos.

Estos símbolos deben retirarse, pues, al contrario que suponen algunos, NO son Historia, son propaganda pura de un régimen dictatorial que gobernó nuestro país.

Alguien podría preguntar que si retiramos estos símbolos, se debería hacer lo mismo por ejemplo, con alguna placa conmemorativa que se hiciera en cualquier ciudad andaluza durante el s. XV.

En este caso, sí estamos hablando de un referente histórico, una sociedad medieval compuesta por señores y vasallos no es lo mismo que una sociedad democrática compuesta por ciudadanos, que era lo que se estaba formando desde los primeros años del s. XX en España y otros países europeos.

Lo que el golpe de julio de 1936 y la dictadura que vino después se empeñaron en quitar a todos los españoles fue precisamente todo eso. La propaganda de ese régimen debe quitarse de nuestras calles y plazas.

Si tienen que haber placas conmemorativas, tienen que estar dedicadas a las mujeres y hombres que lucharon por la democracia y contra el fascismo, tal y como se puede ver en muchas calles de Francia o el Reino Unido. Afortunadamente, ya tenemos unas cuantas, pero necesitamos más. José Falcó, miembro de la aviación leal al gobierno republicano, y fallecido hace pocos días, sería un buen ejemplo.

Un saludo y hasta la próxima.

Bibliografía:

– Fernández, A.  “Historia universal: Edad contemporánea” Vol IV    Vicen Vives, Barcelona 1994

– Casanova, J.  “Europa contra Europa 1914 – 1945”                                    Crítica, Barcelona 2011

– Sartorius, N. y Alfaya, J. “La memoria insumisa sobre la dictadura de Franco”    Crítica, Barcelona 2002

– Publico.es, elcorreo.com y elpais.com

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