Republicanos españoles deportados en los campos nazis

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Foto de Francisco Boix el día de la liberación de Mauthausen, 5 de mayo de 1945. Los republicanos españoles dieron la bienvenida a las tropas aliadas que liberaron el campo.

Today’s entry is dedicated to the presence of Spanish Republicans in the concentration camps that Hitler created in Germany and Austria, amongst other countries. Between 1940 and 1945, some 10,000 people were detained, the majority of which were deported to Mauthausen. Women, however, were sent to Ravensbrück. It is believed that only a fifth of this number survived. After the liberation of the camps, around the end of April and the beginning of May 1945, many of the survivors remained in France and other countries given that Franco’s dictatorship in Spain, who had been responsible for handing them over to the Nazi agents, did not allow them to return. Their stories have begun to come to light only very recently.

La entrada de hoy está dedicada a la presencia de republicanos españoles en los campos de concentración y exterminio que la dictadura de Hitler levantó en Alemania y Austria, entre otros países. Entre 1940 y 1945 fueron detenidos unos 10.000 de los cuales la mayor parte fueron deportados a Mauthausen. Las mujeres serían internadas en su mayoría en el campo de Ravensbrück. Se cree que en total sólo sobrevivió una quinta parte de ellos. Tras la liberación de los campos entre finales de abril y principios de mayo de 1945, muchos de los supervivientes permanecieron en Francia y otros países, ya que en España la dictadura de Franco, que había tenido gran responsabilidad en su entrega a los agentes nazis, les prohibió su regreso. Sus historias han empezado a conocerse hace relativamente poco tiempo.

Campos principales de concentración Alemania 1933-1939

Mapa con los principales campos de concentración nazis.

A partir de febrero de 1939, ya en la última etapa de la guerra civil en España, cerca de medio millón de personas cruzaron la frontera huyendo del avance de las tropas rebeldes. Buscaron refugio en Francia. Sin embargo, pocos meses después se vieron metidas en otro conflicto cuando estalló la II Guerra Mundial. Muchos de estos hombres y mujeres no se quedaron impasibles ante la situación y cuando los ejércitos alemanes invadieron Francia en mayo de 1940 y ocuparon el país, decidieron enrolarse en la Resistencia para seguir combatiendo al fascismo. Muchos de los deportados a los campos lo serían por ello, aunque hubo otros, como el caso del primer ministro entre 1936-1937 Francisco Largo Caballero (tenía 74 años cuando fue internado en el campo de Sachsenhausen en 1943), que fue preso por su significancia política.

Los aproximadamente 10.000 republicanos españoles (1.500 andaluces) fueron internados en los campos de Mauthausen (donde irían a parar la mayor parte de ellos), Auscwitz, Buchenwald, Dachau, Flosenburg, Neuengamme, Sachsenhausen y Ravensbrück, campo este último donde encerraron a las mujeres. En España, Franco y Serrano Súñer no quisieron saber nada de ello, por lo que a los españoles, considerados como apátridas se les marcaba en sus ropas de prisioneros con un triángulo rojo (en Mauthausen era azul) y una S que les identificaba como Rotspanier (españoles rojos). Quiero indicar aquí que las SS, en las semanas finales de la guerra, trataron de destruir pruebas, incluyendo la documentación sobre los presos, por lo que es posible que la cifra cambie.

Su llegada hasta los campos era más o menos así. Al poco de ser capturados eran llevados en camiones o trenes hasta unas prisiones o bien unos primeros campos en los que eran clasificados según su edad, sexo, orientación política, etc. (eran los Frontstalag), a la espera de un destino definitivo. Cuando esto ocurría, eran trasladados en trenes, en unos vagones masificados, y en unas condiciones sanitarias pésimas hasta el campo de concentración o exterminio al que tenían que ir. Neus Català, enfermera durante la guerra civil, recordaba su llegada al campo de Ravensbrück (a unos 90 km al norte de Berlín) de la siguiente manera:

“Mil mujeres, muchos vagones y cuatro días de viaje sin parar, sin higiene, sin aire para respirar, sin saber qué sería de nosotras. No teníamos sitio para sentarnos, nos apañábamos, poníamos espalda contra espalda como podíamos. Éramos 90 o más en cada vagón con un cubo de basura en medio para hacer nuestras necesidades y que con el traqueteo se volcaba. Olía muy mal. Algunas salieron muertas ese 3 de febrero de 1944, cuando desembarcamos en Ravensbrück. Con 22 grados bajo cero, a las tres de la madrugada del 3 de febrero de 1944, 1.000 mujeres entramos en Ravensbrück. Con 10 SS y sus 10 ametralladoras, con 10 perros lobos dispuestos a devorarnos, empujadas bestialmente, hicimos nuestra entrada triunfal en el mundo de los muertos”.

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La enfermera Neus Català, durante su etapa en Ravensbrück.

Mariano Constante, que había sido teniente en el ejército republicano (EPR) recordaba así su llegada a Mauthausen:

“Tras una orden gritada en alemán, la jauría se desencadenó. Gritos, empujones, palos, culatazos, para formarnos de tres en tres. ¡Y desgraciados los que no obedecían en seguida! Escoltados por unos 150 SS, atravesamos el pueblo de Mauthausen. Ni un sólo ser viviente en la calle principal. Las casas estaban cerradas. Ni siquiera se oía el ladrido de un perro al pasar nosotros, como si al paso de las hordas hitlerianas llevando su rebaño al matadero, todo ser viviente, hombres y animales, hubieran quedado petrificados. Una vez cruzado el pueblo, comenzó la subida hacia el campo, por un camino estrecho, resbaladizo, donde era difícil avanzar en filas de tres. Había que marchar rápidamente bajo la lluvia de golpes. Antes de llegar al campo varios compatriotas cayeron al suelo, extenuados, siendo pisoteados por sus verdugos. Pudimos recogerlos y arrastrar a varios hasta el campo, al que llegamos después de media hora de marcha, siempre cuesta arriba”.

A ello seguía una serie de humillaciones como desnudarles en público para unos reconocimientos médicos sin ninguna condición higiénica, insultos y golpes por parte de los guardias de los distintos campos, duchas de “desinfección” con agua helada y pelo rapado al cero. A continuación se les daba un traje, un calzado de mala calidad que en ocasiones tenía una suela de madera, y, finalmente un número de identificación. Se les alojaba en barracones atestados de gente y para dormir tenían unos colchones y sábanas llenos de piojos. Jorge Semprún fue el preso número 44904, Luis Perea fue el 3612 y Mariano Constante,  el 4584.

La vida transcurría en campos como el de Mauthausen (al que fueron destinados unos 8.000 españoles) en jornadas de trabajo de más de 10 horas en la cantera de granito, a la que se llegaba tras una escalera de piedra de 186 escalones. Los prisioneros eran obligados a cargar piedras que pesaban una media de 20 kilos. Si flaqueaban, se desmayaban del cansancio o si simplemente se les caía la piedra, sufrían palizas por parte de los guardias del campo o de los kapos (los prisioneros que vigilaban a los otros prisioneros). Muchos republicanos españoles murieron allí, según aseguraba Mariano Constante. José Marfil, otro preso que estuvo allí, contaba que las chimeneas del campo estaban siempre en funcionamiento, y que los días que no hacía viento el olor a carne quemada era insoportable. Las enfermedades eran frecuentes y eran muchos los que morían por la sarna, tuberculosis, disentería o tifus.

Hubo otros que por sus habilidades o bien trabajaban haciendo las casas de los oficiales de las SS o bien en la administración del campo. Fue el caso de Joan de Diego, que llegó a ser el tercer secretario de Mauthausen o Francisco Boix, que fue uno de los fotógrafos. Sus testimonios serían importantes para condenar a jefes nazis tras el fin de la guerra. Francisco Boix hacía fotos de las visitas que jerarcas nazis como Speer o Himmler (y de Serrano Súñer) hacían a campos, así como del exterminio que los nazis hacían de judíos, gitanos y europeos orientales. Estas fotos las hacía por encargo de ellos y aprovechando esa confianza, el joven barcelonés hacía copias que luego serían utilizadas en los juicios de Nuremberg. De hecho, Boix fue el único español en declarar allí, aunque tuvo que hacerlo con un pasaporte suizo ya que la dictadura de Franco le quitó la nacionalidad española.

En campos como Ravensbrück, el trabajo de las 300 españolas encarceladas allí era de fabricar armamento para el ejército alemán. Neus Català contaba cómo tras una depresión inicial por el trabajo que hacían (armas para el enemigo), las presas decidieron sabotear la producción de armamentos. Al parecer, el sabotaje en el trabajo fue una práctica habitual en campos como este y en otros donde hubo republicanos españoles internados. Los presos no hacían sólo trabajos mineros o en armamento, grandes empresas como Krupp, Thyssen, Siemens, Mercedes Benz o G. Farben también se beneficiaron del trabajo esclavo. Con los años, estas empresas pidieron perdón y dieron indemnizaciones a las víctimas.

En campos como Dachau hubo unos 600 republicanos españoles presos, unos 190 en Sachsenhausen y unos 300 en Buchenwald, de los que murieron muchos de ellos.

De mi localidad, Linares y que yo sepa al menos diez personas fueron asesinadas en los campos nazis. Estos son sus nombres: Mariano Expósito Garrido, Manuel Ibáñez Carrascosa, Romualdo Lentisco Cuartero, Juan Marín Justía, Manuel Mínguez Rodríguez, José Molina Morón, José Ortíz Giménez y Rafael Ricardo Carrillo murieron en Gusen. Antonio Barba Ruiz murió en Dachau y José Martínez Carpio en Steyr.

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Distintivo que llevaban los republicanos españoles presos en Mauthausen.

El hambre era una obsesión, y muchos murieron por falta de comida o por robarla. Los presos eran alimentados con un trozo de pan, a veces rancio y mohoso, y una sopa en la que no era raro encontrar cáscaras de patatas o de cebolla. En algunos campos se les daba un trozo de queso o de jamón por las noches. Era una dieta estimada en unas 700 calorías diarias (la media aconsejada es de 2.500) y la falta de alimentos llevaba a muchos al desánimo y la apatía. Francisco Bernal decía “Mi obsesión era buscar comida. Éramos como muertos vivos, los palos ya me dejaban indiferente y llegué a perder la noción de la realidad. Me quedé como un esqueleto, habría resistido poco más”.

Hay que añadir también que muchos prisioneros españoles, al igual que de otras nacionalidades, sufrieron experimentos médicos terribles. Marcelino Bilbao contaba que los médicos nazis les inyectaban benceno en la zona del corazón para ver cuando aguantaban, él fue de los pocos que logró sobrevivir. Otras víctimas eran operadas en las piernas que les dejaban los huesos al descubierto, eran esterilizadas y las mujeres sufrían inyecciones para que se les retirara la menstruación (Neus Català no la tuvo entre 1944 y 1951). Algunas eran obligadas a prostituirse.  Otra presa, Concha Ramos decía que los nazis “mataban al hijo cuando nacía. Los ahogaban en una balda de agua… o las SS los cogían de los pies y los tiraban contra un muro para ver como reaccionaban las madres. Se decía que a muchas mujeres les ponían inyecciones para retirar la menstruación”.

Los presos republicanos españoles sobrevivían haciendo piña. Creaban un grupo clandestino que se encargaba de robar comida o medicamentos para quienes los necesitara. En Mauthausen existía un grupo encargado de esconder la radio con la que escuchaban las transmisiones de Londres o Moscú sobre el transcurso de la guerra. Al principio eran células vinculadas a presos comunistas, pero poco a poco se fueron abriendo a presos de otras ideologías, y finalmente, de otras nacionalidades. Los guardias aplicaban fuertes palizas y torturas cuando descubrían un grupo de este estilo.

En el caso concreto de los presos españoles, hay que destacar además que sufrieron las visitas de agentes de Franco. Como fruto de los acuerdos firmados entre Himmler y Franco en octubre de 1940, los policías de Franco iban a los campos nazis (algo parecido a lo que se hacía con los campos de concentración que había en España) a buscar presos que por su peso político pudieran ser extraditados a España y allí serían juzgados y en casos como los de Zugazagoitia o Companys, ejecutados. A veces incluso se infiltraban entre los propios presos para buscar la información que querían.

La historiadora británica Helen Graham, en su libro “Breve historia de la guerra civil” (citado por Teresa Mayor) escribió que Franco desde el principio de la guerra mundial en 1939 no puso reparos cuando los nazis le propusieron despojar de la condición de prisioneros de guerra a los miles de republicanos españoles que se hallaban en su poder, facilitando de esta forma que fueran enviados a los campos de concentración y exterminio. El 25 de septiembre de 1940, Ramón Serrano Suñer, ministro del Interior (y en octubre de 1940, también de Asuntos Exteriores) y jefe de la Falange visitó Alemania y llegó a acuerdos con Himmler y Heydrich en este sentido. No le bastaba haberles expulsado del país, la dictadura de Franco iba a desentenderse de ellos enviándoles a una muerte casi segura. A partir de entonces los republicanos españoles fueron recluidos en los campos de concentración de Buchenwald, Dachau, Oranienburg, Flossenburg, Ravensbrück, Auschwitz, Neuengamne, Bergen-Belsen y Mauthausen.

Cuando en 1976 la periodista Montserrat Roig preparaba su libro sobre los catalanes en los campos de concentración nazis entrevistó a Ramón Serrano Suñer sobre si conocía la existencia de presos españoles, él mintió diciendo que no lo sabía. No hizo nada diferente a lo que la dictadura de Franco había hecho durante todos los años anteriores.

Con la liberación de los campos de concentración y exterminio (Mauthausen lo fue el 5 de mayo de 1945), los republicanos españoles recuperaron la libertad pero se encontraron con que no podían regresar a sus casas ya que la dictadura no se lo permitía. Muchos de ellos consiguieron el estatus de refugiados y se quedaron vivieron principalmente en Francia. Ese mismo año de 1945 crearon la Federación Española de Deportados e Internados Políticos en un intento de mantener vivo el recuerdo y de contar al mundo todo lo que habían pasado (esto en España no podían hacerlo).

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Placa que recuerda a los republicanos españoles presos en Mauthausen.

A pesar del olvido al que les sometió el régimen de Franco, los presos republicanos españoles fueron obteniendo su reconocimiento. En 1969 se levantó un monumento en su memoria en el cementerio parisino de Pére Lachaise y con el retorno de la democracia, en 1977 se colocaron placas que les recordaban en campos como Mauthausen y Ravensbrück. Además en 1978 los restos de Largo Caballero fueron traídos de vuelta y enterrados en Madrid. Sin embargo, hubo que esperar hasta 2005 para que un primer ministro español, José Luis Rodríguez Zapatero visitara el campo de Mauthausen y rindiera un homenaje a los republicanos españoles que estuvieron presos allí.

Los mismos españoles presos en los campos de concentración decían que poder sobrevivir a estos lugares para luego contar al mundo lo que habían sufrido, a fin que no se repitiera la historia, era lo que los impulsaba a vivir y a seguir adelante. Conozcamos sus historias pues para que el horror que creó el fascismo en estos sitios no se repita.

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Foto de la entrada al campo de Gusen.

Incluyo finalmente una breve selección sobre libros que recogen testimonios de republicanos españoles en los campos nazis.

Joaquim Amat – Piniella “K. L. Reich”

Jorge Semprún “La escritura o la vida”

-Constante, Mariano “Los años rojos. Españoles en los campos nazis”

-Carme Martí “Cenizas en el cielo” (sobre las experiencias de Neus Català)

-Rosa Toran “Joan de Diego. Tercer secretari a Mauthausen”

Asociaciones sobre los republicanos españoles en los campos nazis: http://www.amical-mauthausen.org/,   http://www.amicalravensbruck.org/   http://www.foroporlamemoria.info/

 

Bibliografía empleada:

– Casanova, Julián y Gil Andrés, Carlos. “Historia de España en el siglo XX”  Ariel Historia, Madrid 2009

-Mayor Ferrándiz, Teresa “Republicanos españoles en los campos de concentración nazis” en Revista Digital de Historia y Ciencias Sociales (2014)

-Pons Prades, Eduardo “Republicanos españoles en los campos de exterminio nazis”

-Preston, Paul “Ramón Serrano Súñer” (pags 887-899) en Viñas, Ángel (ed) “En el combate por la Historia”  Pasado y Presente, Barcelona 2012

-del Río Sánchez, Ángel “Andaluces de cenizas. La deportación republicana en la represión franquista en Andalucía” en Memoria Antifranquista del Baix Llobregat (pags 97-103) Cornellà de Llobregat, 2011

-Sánchez Tostado, Luis Miguel “La guerra civil en la provincia de Jaén”

-Programas de radio: RNE Viaje al centro de la noche sobre Neus Català,  de Aragón Radio en el que se entrevistaba a Mariano Constante y de Radio3 (en 2010) Carne Cruda, en el que se entrevistaba a varios supervivientes de los campos nazis. http://www.rtve.es

-Artículos de periódico: Alejandro Torrús (publico.es), Montserrat Llor (elpais.com), EFE (elmundo.es), Juan Miguel Baquero (eldiario.es), Amina Nasser (andalucesdiario.es), Rafael Poch y Josep Maria Soria (lavanguardia.com), lanacion.com. Las fotos han salido de una búsqueda por google.

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