Republicanas españolas en el campo de Ravensbrück

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Monumento dedicado a las víctimas.

In today’s entry, I’d like to speak about Ravensbrück concentration camp. Around 400 Spanish republic women were held at this camp, the majority of them between 1944 and 1945, although the figure could change as the Nazis destroyed many files before the camp was liberated by the Soviet army on 30th April 1945. These women, who had fled Spain in order to evade capture by Franco’s troops, were detained in France for having participated in the ranks of the Resistance, for having links to different guerrilla groups or for having sabotaged the Germany occupying forces. During their imprisonment in Ravensbrück or in nearby camps, they were forced to work in the weapons factories and were subjected to harsh punishments and torture whilst there. I hope that this entry helps bring their story, which is known by very few in Spain today, to light.

En la entrada de hoy me gustaría hablar del campo de concentración de Ravensbrück. Por este campo pasaron cerca de 400 republicanas españolas, la mayoría de ellas entre 1944 y 1945, aunque la cifra puede cambiar ya que los nazis destruyeron muchos archivos antes que el campo fuera liberado por el ejército soviético el 30 de abril de 1945. Estas mujeres, que habían huido de España para no ser capturadas por las tropas de Franco,  habían sido detenidas en Francia por haber participado en las filas de la Resistencia, por haber hecho de enlaces entre los distintos grupos guerrilleros o por haber realizado acciones de sabotaje contra los ocupantes alemanes. Durante su estancia en Ravensbrück o en lugares dependientes de este campo fueron obligadas a trabajar en la industria armamentística, siendo sometidas a duros castigos y torturas mientras estaban allí. Espero que esta entrada sirva para que se conozca su historia, muy poco conocida actualmente en España.

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La tarraconense Neus Català, prisionera de este campo.

El campo se encontraba cerca de la localidad alemana de Fürstenburg, a unos 90 kilómetros al norte de Berlín. La parte más importante la componían unos 22 barracones en los que vivían unas trescientas mujeres, aunque originalmente estaban construidos para albergar a cien. El conjunto lo completaban una serie de edificios administrativos, alojamientos para guardianes, enfermería y una cocina. Posteriormente se añadieron un crematorio y una cámara de gas. Todo ello estaba rodeado por una valla electrificada (en la que se suicidaron algunas presas). Se construyó también un sub–campo para niños y hombres y unas veinte naves industriales en las que las prisioneras hacían ropas para el ejército alemán y su industria armamentística. Se cree que unas 132.000 mujeres de 40 países fueron deportadas a este campo y a otros dependientes de él, entre ellas unas 400 republicanas españolas, aunque sólo hay testimonios de ciento cincuenta de ellas. Esto no debería sorprendernos. En las etapas finales de la guerra, las SS destruyeron muchos archivos, por lo que las cifras pueden cambiar.

Eran mujeres que habían huido de España huyendo de las tropas de Franco, para evitar ser capturadas. En Francia habían realizado diversos trabajos, y cuando el país fue ocupado por los ejércitos alemanes, muchas de ellas se integraron en la Resistencia, bien como enlaces, llevando cartas, armas y documentos a los distintos grupos guerrilleros que actuaban por todo el territorio francés o bien como guerrilleras, realizando acciones de sabotaje y de combate. Y al igual que con los prisioneros masculinos, en España, Franco y Serrano Súñer no quisieron saber nada de ellas.

Las republicanas españolas solían llegar a Ravensbrück en trenes masificados con apenas comida y agua, por lo que muchos morían víctimas del hambre y del hacinamiento. A su llegada, eran obligadas a bajar de los vagones a golpes por parte de las SS y las guardianas del campo, siendo azuzadas por enormes perros para que las mordieran. A continuación, les formaban en mitad de un patio donde eran obligadas a desnudarse (una de las muchas formas de humillarles) y eran clasificadas en varias categorías: delincuentes comunes, judías, gitanas, presas políticas, lesbianas y testigos de Jehová. Después les daban un número (Neus Català fue la presa número 27532) y un uniforme de prisioneras con un triángulo invertido de rojo. Finalmente eran rapadas al cero y enviadas a las duchas para “ser desinfectadas”. Estas duchas se hacían con agua helada, incluso en pleno invierno, con temperaturas de hasta -20 gados, por lo que muchas de las presas morían por culpa del frío. Las más fuertes eran seleccionadas para trabajar; las que ellos consideraban débiles eran ejecutadas allí mismo.

Neus Català, militante del PSUC,  recordaba de esta manera su llegada al campo:

“Mil mujeres, muchos vagones y cuatro días de viaje sin parar, sin higiene, sin aire para respirar, sin saber qué sería de nosotras. No teníamos sitio para sentarnos, nos apañábamos, poníamos espalda contra espalda como podíamos. Éramos 90 o más en cada vagón con un cubo de basura en medio para hacer nuestras necesidades y que con el traqueteo se volcaba. Olía muy mal. Algunas salieron muertas ese 3 de febrero de 1944, cuando desembarcamos en Ravensbrück. Con 22 grados bajo cero, a las tres de la madrugada del 3 de febrero de 1944, 1.000 mujeres entramos en Ravensbrück. Con 10 SS y sus 10 ametralladoras, con 10 perros lobos dispuestos a devorarnos, empujadas bestialmente, hicimos nuestra entrada triunfal en el mundo de los muertos.”

Las condiciones de vida en Ravensbrück eran terribles. Hubo presas que fueron obligadas a prostituirse para los alemanes. Fallecían unas 1.000 mujeres al mes por el frio, las enfermedades (tuberculosis, disentería, tifus), la masificación de los barracones, las palizas, las torturas (Secundina Barceló, originaria de Teruel, estaba tan desfigurada por los golpes recibidos que sus compañeras sólo la reconocieron por sus zapatos) y el hambre (solían comer un tipo de sopa en la que a veces les echaban mondas de patata).  Dolors Casadellà, afiliada durante la República a las Juventudes Socialistas, vio a muchas de sus compañeras suicidarse arrojándose contra la valla electrificada por no poder soportar las condiciones del campo.

Mercedes Nuñez Targa carnet de resistencia

Una foto Mercedes Núñez que la acreditaba como miembro de la Resistencia.

Al igual que sus compañeros en Mauthausen, las presas republicanas fueron sometidas a experimentos médicos y psicológicos por parte de los oficiales de las SS. Concha Grangé, una de las prisioneras, decía que las presas embarazadas duraban poco. Muchas morían por las condiciones del parto o enloquecían porque los nazis mataban al recién nacido delante suya para ver como reaccionaban. Alfonsina Bueno y Neus Català han contado en diversas ocasiones como les inyectaban un líquido que no sabían lo que era en la zona del útero para retirarles la menstruación (Neus Catalá no la tuvo entre 1944 y 1951). Los experimentos a los que eran sometidas por “médicos”, como Treite o Gebhart, eran muy crueles. Otra presa republicana, Concha Ramos, describía así los experimentos:

“Cuando me dijeron ‘te enseñaremos a las petites lapines’ -conejitas-, yo, inocente, preguntaba si acaso conseguiríamos conejos para comérnoslos. Nos llevaron a un barracón donde vi mujeres a las que les habían operado las piernas, cortado tendones, los músculos, rasgado la piel, se les veía el hueso, todo para experimentar con el cuerpo humano. Tenían unas cicatrices horribles. A otras les inoculaban productos químicos o las amputaban”.

Eran contadas a diario. Para ello eran obligadas a formar en uno de los patios del campo, donde, independientemente del tiempo que hiciera (daba igual que lloviera o nevara), tenían que estar varias horas en pie sin poder moverse, girar la cabeza o hablar. Hacer cualquiera de esas cosas se consideraba como desobediencia y era castigado con golpes, latigazos o ser ejecutadas.

Dolors Gener contaba que para superar todos estos castigos y humillaciones (y de paso, evitar caer en la desmoralización y en la depresión)  “Nos propusimos hacer charlas, cantar, hacer todo lo que hacíamos en las cárceles de Francia. Creamos un ambiente que poco a poco nos animó”. Obviamente, cuando hacían estas actividades en los barracones, siempre había un par de presas que vigilaban para no ser descubiertas por si venían las guardianas.

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Un grupo de presas de Ravensbrück durante sus duras jornadas de trabajo.

Al igual que durante la dictadura de Franco en nuestro país, durante la de Hitler en la Alemania, empresas como Siemens y el ejército alemán también se beneficiaron del trabajo esclavo. Prisioneras como Neus Neus Català, Concha Ramos, Mercedes Núñez y Ángela Cabeza (presa número 39.144) después de una estancia más o menos prolongada en el tiempo (la “cuarentena”) fueron destinadas a realizar trabajos forzados. Era un trabajo realizado en naves industriales en sectores como el textil, para fabricar ropa para los militares, el eléctrico, la fabricación de armamento, (balas, obuses, o los tristemente conocidos misiles V-1 y V-2) o el asfaltado y la pavimentación de carreteras.

Las jornadas de trabajo eran de 12 horas diarias, en dos turnos y sin apenas comida ni descanso (sólo se respetaban algunos domingos y porque había ingenieros que se negaban a trabajar ese día). Cualquier fallo en el trabajo o hacerlo demasiado lento era castigado físicamente, incluso con la muerte. Neus Català ha contado en sus memorias como se jugaban la vida saboteando la producción de armamento, escupiendo en las balas o metiendo moscas muertas para que salieran defectuosas o haciendo reducir la producción. Lo cuenta de esta forma:

“La condena por sabotaje es la muerte, pero no sabemos de qué otra manera seguir adelante. Nos enteramos de que cualquier cosa que se mezcle con la pólvora, por pequeña que sea, la inutiliza. Empezamos con los escupitajos. Son pequeños y precisos, la saliva es escasa, nos morimos de sed cada día, pero de dentro de las entrañas la sacamos con cuentagotas, y cada salivazo es un triunfo. También robamos aceite de las máquinas, nada, unas gotitas, una cantidad imperceptible que va a parar dentro de la bala.

También aprendemos a dominar las máquinas. Tití no sé cómo lo hace, pero aprende a estropearlas. Yo las limpio con mucha acetona, porque me habían dicho que solo pusiera un poco, y manipulo unos tornillos que hacen más lento el proceso de fabricación. Si a veces Blanca y yo tenemos algún problema con la máquina, viene el mecánico a revisarla. Nosotras hacemos un rótulo con el nombre de Blanche-Neige et les sept mécaniciens, la consigna que nos inventamos para hacer saber a las presas del siguiente turno que ya hemos llamado al mecánico”.

Mahn- und Gedenkstätte Ravensbrück, Walze

La piedra con las que las prisioneras trabajaban en las carreteras.

Las condiciones de vida empeoraron por el frío y el hambre tras el invierno de 1944 – 1945 y se hicieron especialmente penosas en las semanas  previas a la liberación del campo por el ejército soviético. Las SS se marcharon con las presas que estaban en mejores condiciones físicas (luego serían fusiladas y abandonadas en cunetas) dejando en el campo a las que no podían valerse por sí mismas.

Con la liberación del campo de Ravensbrück y otros campos dependientes, vino también la decepción al no poder regresar a España, ya que Franco todavía se encontraba en el poder. La mayoría se marchó a Francia y allí permanecieron como refugiadas. Este fue el caso de Neus Català, que se dedicó al activismo, apoyando a los exiliados y participando en organizaciones como la Amical de Mauthasen o la Amical de Ravensbrück, para que así no se perdiera el recuerdo de todos los hombres y mujeres que habían pasado por estos campos y conseguir reconocimiento (existe en la actualidad en Ravensbrück  una celda dedicada a las presas republicanas españolas). No volvería a vivir en su pueblo (Els Guiamets, Tarrgona) hasta 1976. Recordemos que la dictadura de Franco mintió cuando decía que no sabía que había presos españoles en dichos campos.

No hubo un reconocimiento por parte de autoridades españolas de diferente tipo hasta 2005 y luego nuevamente en 2010, repitiéndose desde entonces. Y aunque se han dado pasos como el dedicar una calle en Vigo a Mercedes Núñez y otra en Sant Adrià del Besòs a Neus Català, sigue siendo un tema muy poco conocido en España en la actualidad, el de las republicanas españolas en los campos nazis, que conocemos sobre todo por parte de las supervivientes, Mercedes Núñez, Concha Ramos (ambas recibieron la medalla de honor francesa), Neus Català, Lise London, Carmen Cuevas, Ángela Cabeza, etc. Otras como Carmen Gardell, Adriana Calderón, María y Leonor Rubiano, Carmen Bartol o Sofía Limón no sobrevivieron a su estancia en el campo o se perdió su rastro una vez llegaron allí.

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El campo de Ravensbrück.

 

Bibliografía:

-Mayor Ferrándiz, Teresa “Republicanos españoles en los campos de concentración nazis” en Revista Digital de Historia y Ciencias Sociales (2014)

-Pons Prades, Eduardo “Republicanos españoles en los campos de exterminio nazis”

-Osborne, Raquel “La sexualidad como frontera entre las presas políticas y comunes bajo el franquismo y el nazismo” en Revista Política y Sociedad, Vol 46, núm 1 y 2, pags 57 – 77 (2009)

-Martí, Carme “Cenizas en el cielo” Roca Editorial, Barcelona 2012

-Programas de radio: En días como hoy (RNE) entrevista a Carme Martí y Neus Català y Viaje al centro de la noche (RNE), donde también se entrevistó a Carme Martí sobre su libro “Cenizas en el cielo”.

-Artículos de periódico: Montserrat Llor y Fátima Fernández (elpais.com), Rosa Massagué y Marina Gascó (elperiodico.com), EFE (20minutos.es), Marco Romero (diariodeleon.es), lanacion.com.ar, Silvia Marimon (ara.cat), José Oliva (lavanguardia.com), Eduardo Rolland (lavozdegalicia.es), Álvaro Colomer (Yo Dona), Salvador Rodríguez (farodevigo.es), Alfredo Valenzuela (publico.es)

-Las webs http://www.amical-mauthausen.org/,   http://www.amicalravensbruck.org/   http://www.foroporlamemoria.info/ noticiasuruguayas.blogspot.co.uk, (Mila Méndez) cciu.org.uy, galeriadalonxevidade.com, bcn.cat, unidadcivicaporlarepublica.es y holocaustoenespanol.blogspot.co.uk

Otros libros que recogen testimonios de republicanos españoles en los campos nazis:

-Joaquim Amat – Piniella “K. L. Reich”

-Jorge Semprún “La escritura o la vida”

-Mariano Constante  “Los años rojos. Españoles en los campos nazis”

-Rosa Torán “Joan de Diego. Tercer secretari a Mauthausen”

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3 responses to “Republicanas españolas en el campo de Ravensbrück”

  1. rafaeldegranada says :

    No lo he puesto antes porque si no la entrada de hoy iba ser muy larga, pero aqui va.

    Discurso Neus Català en la inauguración

    Uno de los motivos principales de fundar la Amical de Ravensbrück parte del juramento que hicimos, en el momento de la liberación, todas las deportadas y deportados de que, mientras viviéramos, explicaríamos lo que habíamos visto y sufrido.

    Son las mismas razones que nos llevaron a defender la República, hacer la Resistencia en Francia y a luchar contra el fascismo: el amor a la paz, la libertad, la tolerancia y la justicia social.

    En segundo lugar, si no el primero, que en todos los países de Europa donde hubieron deportadas han tenido su propio Amical. En España, nuestra representación, hasta el año 2005, se incluía en el Amical de Mathaussen, de la que fui cofundadora en 1963, aunque nuestro país ha estado siempre representado en el Comité Internacional de Ravensbrück a través de una delegación española, siendo uno de los países fundadores del mismo entre los años 1963 y 1965.

    Ravensbrück fue un lugar donde, en medio de la gran tragedia, quedo patente la fuerza invencible de los débiles. Fue el más terrible campo de concentración diseñado para mujeres y criaturas y al que fueron a parar algunos hombres. En sus años de existencia estuvieron recluidas unas 133.000 personas de alrededor de 40 naciones.

    Los SS idearon todo tipo de refinadas maneras de asesinar. Miles de mujeres murieron en las cámaras de gas, centenares fusiladas y varios millares fueron exterminadas por el hambre y las epidemias. Otras perdieron la vida a consecuencia de los experimentos médicos realizados por médicos de las SS, como fue el caso de las jóvenes polacas, denominadas “conejillas de indias”. Debemos citar el caso de Alfonsina Bueno, de Berga, que murió 39 años después de la liberación, padeciendo todavía, las consecuencias de estos experimentos del Dr. SS Karl Gebhardt, el mismo que simultaneaba la presidencia de la Cruz Roja alemana.

    En Ravensbrück se moría de mil maneras: ahogas en las letrinas, a bastonazos o quemadas vivas en el horno crematorio como el caso de la joven madre Sofía Liman. Algunas, vencidas por el sufrimiento, morían electrocutadas lanzándose contra las alambradas eléctricas. Más de 92,000 de aquellas personas encontraron allí la muerte más atroz.

    Pese a ello, las mujeres no perdieron nunca su espíritu de resistencia. La solidaridad y la cultura fueron nuestras principales armas. El deseo de vivir era también un acto de resistencia. contra los nazis pues allí, se entraba para morir.

    Consecuentemente, las mujeres continuaron su lucha saboteando la macro estructura económica , militar y civil a la que estaban sometidas, siempre vigilada y con el peligro de ser masacradas.

    Aprovechándose de esta mano de obra barata y siempre renovable, los SS, junto con alas grandes firmas Krupp, Thyssen, Siemens, Mercedes Benz e I.G.Farben, entre otras, hicieron grandes fortunas. Esta última, I.G. Farben, además era la que suministraba el gas cyclon 3 para las cámaras de gas. El campo de Ravensbrück formó parte del denominado “Triangulo de la muerte” del länd de Branderburg: Oranienburg-Sachsenhausen-Ravensbrück.

    Las españolas de Ravensbrück eran mujeres que habían luchado cuando la República española fue atacada por el fascismo, tuvieron un gran peso en la producción y el mantenimiento de un estado democrático en la cuestión social, educativa, asistencial y política. Una vez perdida la guerra, muchas de ellas se refugiaron en Francia y, en condiciones adversas continuaron alertas y solidarias en los campos de concentración franceses y en los mal denominados refugios.

    Estas mujeres encontraron apoyo en mujeres y hombres de la antigua emigración económica que ayudó en la organización clandestina de la Resistencia de los españoles republicanos en Francia. Si en toda la zona de los Pirineos hubo un gran ejercito de 60000 hombres y mujeres, “las guerrillas españolas”, en todos los departamentos de Francia, hubo grupos resistentes de españoles-as. Las mujeres constituyeron una gran red de transmisiones, de suministro y de transportes de armas de los maquis de montaña y ciudad, haciendo sobretodo el duro y peligro papel de enlace. Fueron también las encargadas de encontrar el contacto entre los familiares refugiados en Francia y las familias de España.

    El Comandante Sevilla, militar de carrera y comandante de las guerrillas españolas, muy viejo ya y con lagrimas en los ojos, nos dijo que cuando se hablara de las mujeres españolas en la Resistencia no se habría de contar por centenares sino por millares, sin las cuales, nosotros, no habríamos podido llevar a término muchos de nuestros combates.

    El Comandante Rubio, homologado en el ejercito francés, testimonió también el gran papel llevado a cabo por las mujeres, y el Comandante Oria, homologado también, testimonió que la Resistencia española comenzó allí donde había grupos de mujeres.

    Cerca de 60,000 mujeres y hombres españoles dieron su vida por Francia. De los poquísimos monumentos dedicados a ellos, sólo podría citar en primer lugar el que se encuentra al pie del altiplano de Glieres, del escultor repudiado Baltasar Lobo, otro dedicado a la retirada que se encuentra en el paso fronterizo de La Vajol, y por último, el monumento dedicado únicamente a los hombres deportados españoles en el Cementerio Pere Lachaise en París. Costó 30 años obtener una celda dedicada a las deportadas españolas en el campo de Ravensbrück.

    Durante la Resistencia, las mujeres tenían un nombre de guerra que conservamos como un título de honor pero enterradas muchas de ellas con el nombre civil, es imposible completar la identificación para la memoria histórica.

    Tampoco sabremos nunca el número exacto ni el nombre de las españolas que llegaron a Ravensbrück porque todos los ficheros del campo fueron destruidos por los nazis a la llegada de las tropas soviéticas. Las cenizas de muchas de estas mujeres se encuentran en el fondo del lago Schwedt, que las propias deportadas agrandaron con sus propias manos desnudas.

    Además de continuar la recuperación de la memoria histórica de estas mujeres españolas, nuestro Amical tiene como objetivo según sus estatutos, la conservación de los lugares de memoria que, como Ravensbrück, corren peligro de desaparecer. Actualmente han desaparecido las barracas y sólo queda en pie el edificio de “la Komandantur”, el de la prisión y el de los hornos crematorios. Si estos todavía existen es gracias a la tenacidad de las deportadas supervivientes que a través de sus entidades integradas en el Comité Internacional de Ravensbrück , han orquestado campañas internacionales de protesta en contra de proyectos y propuestas que puedan ocultar la existencia del campo como la construcción de una autopista que lo hubiera atravesado todo. Recientemente, se ha descubierto el campo Jugenlager Uckermark de adolescentes que estaba enterrado.

    Wanda de Varsovia, gran historiadora de renombre mundial en un estudio sobre el trabajo cultural en los campos de concentración nazis, concluyó que el lugar en los que se hizo más cultura fue en los campos donde había mujeres, conclusión reconocida por los hombres deportados y por lo que hoy en día Ravensbrück es la Escuela Internacional para el estudio del problema de la deportación en general.

    En 1987, el Comité Internacional de Ravensbrück fue reconocido por las Naciones Unidas como mensajeras de la paz.

    En 1994, gracias a la ayuda del Institut Català de la Dona presidido entonces por Joaquima Alemany, pudo realizarse por primera vez en España, la reunión del Comité Internacional de Ravensbrück.

    Con motivo del 60º aniversario de la liberación del campo en el año 2005, se organiza por primera vez una delegación oficial de nuestro país presidida por el Conseller Joan Saura de a Generalitat de Catalunya que participa en el homenaje a las deportadas y al que asiste también el embajador español en Berlin Sr. Gabriel Busquets.

    En el capítulo de agradecimientos debo mencionar a Annette Chalut, actual presidenta del Comité Internacional de Ravensbrück, por su constante dedicación a la conservación de la memoria y su preocupación por lo que afecta a las deportadas españolas.

    Al Gobierno de Cataluña que me distinguió con la Creu de Sant Jordi, y a la valiosa ayuda del Conseller Joan Saura a través del Memorial Democrátic y al Gobierno de España cuyo actual Presidente Sr. Rodríguez Zapatero forma parte de nuestro Comité de Honor y a la Vicepresidenta cuyo Ministerio nos ha dado el soporte necesario para la realización de este acto y la documentación que presentamos.

    Gracias también a todas las personas aquí presentes, así como a Entidades y particulares que nos apoyan y han honrado la memoria de las mujeres de Ravesnbrck y de todos los deportados, resistentes combatientes y represaliados del franquismo y del nazismo.

    Querría acabar manifestando mi respeto y admiración por todos aquellos que dentro y fuera, lucharon por recuperar las libertades de nuestro país.

    NEUS CATALÀ I PALLEJÀ
    Aportado por Sandra Sanchez
    http://noticiasuruguayas.blogspot.co.uk/2014/04/no-mas-archivos-secretos-el-papa.html

  2. Mikel Arizaleta says :

    Hay un libro formidable, escrito por Ruth Werner, que habla sobre el campo de concentración de Ravensbrück. El libro se titula “Olga, la roja inolvidable”, publicado en Txalaparta. Merece ser leído

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