Republicanos españoles en el campo de refugiados de Argelès-Sur-Mer. Spanish Republicans in the Argelès-Sur-Mer refugee camp

1939 --- Soldiers of the Spanish Republican Army are held in a concentration camp in Argeles-sur-Mer, France. --- Image by © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS

Refugiados republicanos españoles en el campo de Argelès-Sur-Mer. Fuente: todoslosrostros.blogspot.com

In today’s entry, I’m going to speak about the presence of Spanish refugees in the Argelès-Sur-Mer camp, in south-eastern France. Between 26th January 1939, with the fall of Barcelona and 9th February of the same year, when Franco’s troops reached the border with France, almost half a million Republican Spaniards were involved in an exile that was known as La Retirada (The Retreat). A hundred thousand of those refugees (maybe more), were admitted into the Argelès-Sur-Mer camp, which was operative between February 1939 and September 1941. Living conditions were very bad because Édouard Daladier’s government didn’t help very much, but I have to say that a lot of French people were very supportive and helped them.

Entre el 26 de enero de 1939, fecha de la caída de Barcelona, y el 9 de febrero de ese mismo año, cuando las tropas del golpista general Franco alcanzaron la frontera con Francia, casi medio millón de republicanos españoles protagonizaron un exilio que fue conocido como La Retirada. Cien mil de esos refugiados (puede que sean más), fueron internados en el campo refugiados de Argelès-Sur-Mer, un campo que estuvo activo entre febrero de 1939 y septiembre de 1941. Las condiciones de vida de dicho campo fueron muy malas, en parte motivadas por la poca ayuda del gobierno de Édouard Daladier, aunque hay que decir que muchos ciudadanos franceses fueron muy solidarios y si lo hicieron

argeles_france3-regions.francetvinfo.frLocalización del campo de Argelès-Sur-Mer. Fuente: france3-regions.francetvinfo.fr

 

En febrero de 1939, la situación era caótica en el sur de Francia. Casi medio millón de personas cruzaron la frontera en condiciones muy lamentables para huir del avance de las tropas rebeldes. Los refugiados se encontraron con que el gobierno francés, presidido entonces por Édouard Daladier había hecho muy poco o nada para recibirles, ya que no se había previsto que esta marea humana tan grande huyera de la guerra civil en España. Se crearon entonces diversos campos de refugiados en el sur del país para dar cobijo a todas esas personas, siendo el de Argelès-Sur-Mer el más conocido de ellos.

Este campo estaba situado a unos 2 km de la localidad  del mismo nombre. En ese momento, Argelès tenía unos 3.000 habitantes que vivían de la pesca y la agricultura. El pueblo se encuentra en la costa del mar Mediterráneo (sureste de Francia), en el departamento de los Pyrénées-Orientales. Empezado a construir el 1 de febrero de 1939 (en pleno invierno), sus primeros trescientos ocupantes llegaron dos días después tras una caminata de 35 km desde el paso de Port Bou. Cuando llegaron, salvo una alambrada de espinos, no había nada hecho. No se habían construido barracones ni tampoco infraestructuras como letrinas, enfermería o cocinas. Tampoco había electricidad ni agua potable, por lo que algunos llegaron a beberse el agua marina, lo que trajo problemas de salud. Las primeras noches hubo republicanos que cavaron agujeros y  se taparon con la arena de la playa para protegerse del frío viento que acechaba; otros, dormían debajo de camiones para poder superar las bajas temperaturas.

El historiador y político mexicano Isidro Fabela (1882-1964) contaba en una carta que le escribió al presidente Lázaro Cárdenas, describiendo las duras condiciones de los refugiados españoles en Argelès:

“El campo de concentración propiamente dicho, no tenía, al crearse, ni una tienda de campaña, ni una barraca, ni un cobertizo, ni un muro, ni una hondonada, ni una colina; ni tampoco árboles, arbustos ni piedras. Es en la playa abierta y arenosa frente al mar y, tierra adentro en terrenos eriazos y viñedos escuetos, donde han vivido y viven los refugiados de España. Es decir, que los cien mil hombres alojados en Argelès no tuvieron en un principio abrigo de ninguna especie, ni fuego para contrarrestar el frío invernal, ni un techo que les resguarda del cierzo, ni una pared que les defendiera de los aires marinos”.

Ana Martin y su padre (fue prisionero en Argeles)

El andaluz Antonio Jesús Martín Ortega (sentado con gafas de sol), que pasó por el campo de Argelès. Gracias a Ana Martín Viñas por  la foto.

Finalmente, se levantó un campo de forma cuadrangular y con unas 50 Ha de extensión, aunque, debido a la gran cantidad de refugiados existente, tuvo que ampliarse hasta casi las 100. Cuando se hizo imposible ampliarlo, los refugiados fueron llevados hasta campos cercanos, principalmente Sain Cyprien y Le Barcarès. La refugiada Remedios Oliva llegó a decir que el campo tenía unos 3 km de largo por 500 metros de ancho. A nivel interno, el campo se dividió en sectores de una hectárea, además, la desembocadura de un pequeño río partía el campo en dos zonas. En una se encontraban los civiles y en la otra los militares (antiguos soldados y oficiales del EPR y miembros de las Brigadas Internacionales, como el austriaco Hans Landauer). Alambradas de espinos rodeaban el perímetro del campo. Tanto unos como otros se encontraban sujetos a la disciplina militar (estaban muy controlados) y estaban vigilados por las tropas coloniales francesas, principalmente marroquíes y senegaleses, y por gendarmes, que protagonizaron episodios de insultos y de abusos sexuales.

Además, los gendarmes obligaron a los vecinos de Argelès a cerrar puertas y ventanas para evitar que estuvieran en contacto con los refugiados y les diesen comida. Sin embargo, frente a esta hostilidad por parte del gobierno y parte de la prensa conservadora, muchos vecinos de la zona ayudaron a los refugiados en lo que pudieron, incluso a sabiendas que podían ser castigados. También fue importante la labor desempeñada por alcaldes y militantes de partidos y sindicatos de izquierda, que, desde periódicos como Le Midi Socialiste, organizaban campañas de ayuda a los refugiados. Les aportaron especialmente comida y abrigo. El gobierno de la República, con los escasos medios que tenía, organizaba la ayuda a través de organismos como el SERE (hasta que fue disuelto por presiones del gobierno de la dictadura) y el JARE. Esta ayuda consistía en conseguir alimento y mantas a los refugiados, poner en contacto a familiares, conseguir pasajes en barcos para aquellos que quisieran irse a terceros países, etc. Otros organismos que también ayudaron fueron la Cruz Roja de Suiza y la comunidad de los cuáqueros norteamericanos.

Los propios exiliados republicanos intervinieron en la construcción del campo, y para marzo de 1939, las primeras barracas de madera ya estaban hechas. Sin embargo, el ritmo de construcción era lento, debido por un lado a la mala alimentación y al frío, que hacía que barracones, que estaban a medio hacer, se desmantelaran para hacer fuego con la madera de la que estaban hechos. Con el tiempo, se hicieron también algunas tiendas de lona en las que instaló un rudimentario hospital en el que se atendía a los heridos, aunque siempre escasearon las medicinas así como el personal que atendía a heridos y enfermos (personal que solía reclutarse de entre los propios refugiados). Las mujeres embarazadas fueron trasladadas a la cercana localidad de Elna, donde, y gracias a la iniciativa de la maestra suiza Elisabeth Eidenbenz, se abrió una maternidad en la que nacieron casi 600 bebés, entre ellos los de María García Torrecillas y Mercé Doménech. Al final, en el campo de Argelès-Sur-Mer, se construyeron más de trescientas barracas, la mayor parte de ellas masificadas debido al número tan grande de refugiados. Hubo fugas, como fue el caso del  refugiado Manuel Moreno Berenguer.

Las condiciones de vida en Argelès fueron muy malas, refugiados como Vicente Fillol, Eulalio Ferrer y Jaime Espinar se quejaron luego en sus memorias que parecían campos de concentración que otra cosa. Debido a que tenían que beber agua salada (no había bombas para extraer agua potable) y a la escasa y poca comida de la que se disponía, las enfermedades estuvieron a la orden del día. La diarrea estaba muy extendida, y ante la ausencia de letrinas al principio, los refugiados tenían que hacer sus necesidades en la orilla del mar (así lo recordaba Agustí Centelles, entre otros). Era tal la situación, que Joaquín d’Harcourt, jefe de la sanidad militar republicana, decía que enfermedades como la disentería (de la que murió el poeta Antonio Machado) y la neumonía causaban estragos. También el tifus, la tuberculosis, pulmonía o la difteria eran frecuentes, así como plagas de ratas y piojos. Sin embargo, lo más frecuente, era lo que los propios refugiados denominaban “arenitis”, que se puede explicar como un estado de profunda depresión, y que llevaba a muchos al suicidio. El santanderino Eulalio Ferrer, luego exiliado en México, describía así las condiciones del campo:

“En cuanto a las condiciones del campo, pues era el campo libre. Era playa, playa húmeda. Con los Pirineos orientales a un lado. Mes de febrero, fríos, con esos vientos cortantes… Entonces, el dormir allí… pues… era una proeza. Una proeza que nos llenó de piojos porque como nos juntábamos unos a otros para prestarnos calor… pues entonces eso criaba piojos y teníamos piojos. Y además teníamos que hacer nuestras deposiciones en la misma orilla de la playa, y se les ocurrió a los franceses en lugar de aljibes, en aquellos días, poner unas bombas que extraían y depuraban, teóricamente, el agua del mar. Y lo que extraían eran nuestros propios detritus y claro, la cantidad de gente que murió de disentería fue enorme…”

Eulalio Ferrer Rodríguez

Eulalio Ferrer. Fuente: elpais.com

Muchos militantes de izquierda se quejaban que desde la prensa y los noticiarios, que se proyectaban en los cines, se daba una imagen idealizada de la vida en los campos. Para paliar esta situación, los cineastas Jean Paul y Emma le Chanois consiguieron grabar una película (con una cámara escondida en una cesta de verduras) que fue secuestrada por las autoridades y destruida. Sólo se salvó una copia, que se pudo editar y estrenar en los Estados Unidos con el título de ‘A people is waiting’.

La comida era insuficiente y de mala calidad, por lo que las hambrunas y los casos de malnutrición eran constantes. Se repartía normalmente y de forma diaria, un trozo de pan por persona junto con una sopa de verduras muy diluidas, así como una taza de café, también muy diluido. En ocasiones se repartía una lata de conservas y algo de carne cruda. Además, como  no había sartenes, la comida se cocinaba con agua de mar en latas grandes. Esta situación hizo florecer un mercado negro (hubo hasta casos de prostitución) dentro del propio campo, así como con los vigilantes y tenderos locales, en el que aquellos que tenían algo de dinero, normalmente enviado por familiares o amigos que estaban fuera, podían acceder a alimentos de mejor calidad.

Este comercio no se relacionaba sólo con la comida. El conseguir medicinas y noticias de fuera se convirtió en una obsesión. Los cigarrillos se convirtieron en una moneda de curso legal en el campo de refugiados con el que se podían conseguir sellos, papel, sobres y lápices, que llegaron a ser considerados como objetos de mucho valor. Se creó, en uno de los barracones, una oficina de correos para repartir las cartas que llegaban a Argelès. En cuanto a la prensa, se encontraba prohibida al principio y los periódicos entraban de forma clandestina al campo gracias a la labor de algunos militantes comunistas. Posteriormente, se permitiría la entrada de prensa e incluso la elaboración por parte de los propios refugiados republicanos de sus propias publicaciones.

El que los mismos refugiados creasen sus propias revistas, normalmente, escritas e ilustradas a mano, formaba parte de un intento por romper con la monotonía de la vida en el campo de Argelès, como fue el caso de revistas como ‘Barraca’ o ‘Desde el Rosellón’. También se hicieron otras actividades como cursos de idiomas, escuelas para los analfabetos y los hijos de los refugiados, exposiciones, conferencias, talleres de ajedrez, etc.

Encuentro de padres e hijos en el campo de internamiento de Argelè-Sur-Mer. FOTO Enrique Tapia

Encuentro de un padre con su familia en Argelès. Fuente: Enrique Tapia

Con el paso de los meses, y quizás presionados por motivos ideológicos y económicos, el gobierno Daladier buscó fórmulas para que no hubiera tantos refugiados en los campos. Desde muy pronto estos exiliados republicanos trabajaron en las llamadas Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE), repartiéndolos por todo el país en la construcción de carreteras, infraestructuras militares o en fábricas (como fue el caso de Remedios Oliva). Decir en este punto, que tras la rendición francesa en junio de 1940, el gobierno colaboracionista de Vichy entregó a muchos refugiados a los agentes nazis, que los llevaron hasta Mauthausen (como fue el caso de José Marfil y Manuel Alfonso Ortells) y también a agentes de Franco. Los hubo también que participaron la Resistencia (ver la entrada “Los republicanos españoles en la Resistencia Francesa”) o se enrolaron en el ejército francés y llegaron incluso a liberar París (ver la entrada dedicada a “La Nueve”).

En ocasiones se permitió la salida hacia terceros países, México fue un destino muy solicitado, pero también hubo salidas hacia el Reino Unido, URSS, Venezuela, Chile o Argentina, por citar algunos ejemplos. Muchos de los que volvieron a nuestro país, fueron víctimas de una falsa amnistía por parte de la dictadura y terminaron en cárceles, campos de concentración de Franco en España o desgraciadamente, fusilados.

El campo de refugiados de Argelès-Sur-Mer fue cerrado a finales de septiembre de 1941, tras una revuelta de las mujeres del campo contra el traslado de los brigadistas a las colonias francesas del norte de África. No obstante, el gobierno de Petáin lo transformó en un campo “para jóvenes”, judíos y europeos del este durante un tiempo. Entre los refugiados pasaron por este campo podemos encontrar (aparte de los arriba mencionados) los escritores Joaquim Amat Piniella y Diego Camacho, los pintores Miguel Prieto, Josep Renau y Josep Bartolí, los militares Jose María Bravo y Juan Carrasco y el profesor universitario Jose Luis García Rúa. Sólo tras 1945, obtuvieron el estatuto de refugiados y pudieron vivir libremente aunque no pudieran volver a nuestro país.

Para terminar, hay que decir también que, debido a la censura de la dictadura de Franco, los testimonios de estos hombres y mujeres que pasaron por Argelès-Sur-Mer no se conocieron en España hasta épocas muy recientes, por lo que este episodio de la historia hispana no es muy conocido en la actualidad. El régimen dictatorial español hizo todo lo posible para ningunenar e incluso silenciar la presencia de refugiados republicanos en este campo y otros. Cuando lo permitió, fue para usar esas memorias en su propio provecho. Las memorias de supervivientes de Argeles se publicaron primero en terceros países, ya que en España no se podía, así, las de Jaime Espinar se publicaron en Venezuela en 1940, las de Remedios Oliva también se publicaron fuera de España en principio, y, Eulalio Ferrer no se decidió a publicarlas hasta una fecha tan tardía como 1988, ya restaurada la democracia. En 1999 se instaló un monolito para recordarles y en febrero de 2015, fueron homenajeados por el ministro francés descendiente de españoles Manuel Valls. Gracias a Ana Martín Viñas y a Arturo Moreno de Vicente por dejarme mencionar a sus padres en la redacción de este post.

Monolito_playa_Argeles

Monolito en la playa de Argelès. Fuente: wikipedia

Bibliografía básica:

-Casanova, Julián y Gil Andrés, Carlos “Historia de España en el siglo XX” Ariel Historia, Madrid 2009

-Sánchez Cervelló, Josep “El exilio republicano español de 1936 a 1977” (pags 499 – 514) en Viñas, A (ed) “En el combate por la Historia” Pasado y Presente, Barcelona 2012

-Gaspar Celaya, Diego “Un exilio al combate. Republicanos españoles en Francia” en Actas del curso ‘Migraciones y exilio España – Francia’. Jaca, Huesca 2011

-Simón Porolli, Paula “Exilio republicano español y campos de concentración franceses” Tesis doctoral en UAB, Barcelona 2011

-Dreyfus Armand, Genevieve “El exilio republicano en Francia” en EXILIO Fundación Pablo Iglesias (pags 178 – 193) Madrid 2002

-Adámez Castro, Guadalupe “La escritura necesaria: El uso de la correspondencia en las memorias y autobiografías de los exiliados españoles”

-Sánchez Zapatero, Javier “La literatura testimonial española y la experiencia de los campos de internamiento franceses” en Centro de Estudios de Literatura, núm 2, pags 215 – 232 (2011)

-Oliva Berenguer, Remedios “Éxodo. Del campo de Argelès a la maternidad de Elna” (memorias). Viena Ediciones, Barcelona, 2006.

-El documental de TV3 ‘Camp d’Argelès’ (en catalán) que se puede ver en: https://www.youtube.com/watch?v=KoS25xZ3oFU

-Artículos y webs: Reseña sobre la película ‘Las olas’ (2011) http://www.filmaffinity.com/es/film706867.html, Alejandro Torrús y José Oliva (publico.es), Xavier Febres (eldiario.es), Lola Huete, Juan Bedoya y Guillermo Balbona (elpais.com),  Wikipedia, Mercedes Arancibia (cronicapopular.es), Teresa Amiguet (lavanguardia.com), Guadalupe Adámez Castro (lamarea.com), eldiariomontanes.es, diarideguerra.com, elperiodico.com,

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9 responses to “Republicanos españoles en el campo de refugiados de Argelès-Sur-Mer. Spanish Republicans in the Argelès-Sur-Mer refugee camp”

  1. Joan F says :

    Gracias por explicar y dar a conocer esta terrible tragedia que sufreron nuestros padres ante la victoria de los rebeldes perjuros que se levantaron contra la legalidad de la II República. Son nuestros héroes.
    Joan F. Hernández, hijo de un Capitán/aviador internado en Argelés por ser fiel a su juramento de defender la República. Posteriormente represaliado en España pasando por campos de concentración hasta su “magnánimo indulto” concedido por el dictador genocida.

  2. rafaeldegranada says :

    Gracias a ti por tu comentario Joan. Como historiador me interesa mucho estos episodios de la historia que la dictadura quiso esconder y que la retornada democracia no quiso o no supo recuperar para no estropear esa transición tan “bonita” que les salió.Un orgullo poder saludarte.

  3. antonio jimenez oliva says :

    Gracias por mantener vivo el recuerdo de aqueLos que dieron todo por sus ideales. Soy hijo de españoles. Nací en Rep Dominicana que fue el país que le dio asilo a mis padres cuando salieron del infierno de Argeles

    Gracias

  4. arturo moreno says :

    Soy el hijo de Manuel Moreno Berenguer, tendría mas datos de la fuga de mi padre del campo de Argeles

  5. Raquel Mendez says :

    Me gustaria saber qué pasó con los refugiados cuando cerraron el campo, donde los enviaron, que hicieron con ellos. Gracias

    • rafaeldegranada says :

      Hola Raquel. Voy a intentar responder a tu pregunta.
      Una vez se cerraron los campos de refugiados del sur de Francia el destino de los republicanos españoles fue bastante diverso.
      Un número importante decidió regresar a España a pesar de la dictadura. Muchos creyeron las falsas promesas de perdón y fueron encarcelados durante un tiempo (semanas, meses o incluso años) siendo liberados, aunque a muchos de ellos se les prohibió ejercer su profesión, como fue el caso del fotógrafo Agustín Centelles.
      Tristemente otros fueron fusilados.
      Los que decidieron quedarse en Francia sufrieron diversos destinos. Por un lado, el gobierno de la República a través de organismos como el SERE o el JARE sacaron a bastantes personas de los campos y terminaron viviendo sobre todo en Sudamérica, principalmente México, Argentina, etc.
      Los que se quedaron a vivir en Francia, en primer lugar tuvieron que soportar la II Guerra Mundial. Estuvieron en batallones de trabajo, enrolados a la fuerza en el ejército francés (si se negaban eran deportados a España) luchando luego contra los alemanes. Un porcentaje (con la complicidad de Franco y Serrano Suñer) terminaron en campos como Mauthausen o Ravensbruck.
      En general el conjunto de los refugiados republicanos que se quedaron en Francia se quedaron a vivir allí y fundaron nuevas familias (algunos desarrollaron actividad política contra la dictadura), aunque algunos volvieron de forma intermitente a nuestro país o, como el caso de Neus Catalá, acabarían por volver definitivamente al cabo de un tiempo.
      Un saludo y espero haber sido de utilidad. Que tengas un buen día.

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