Algunos testimonios de víctimas de la red de adopciones ilegales durante la dictadura / Some testimonies of people who were victims of the network of ilegal adoptions in Spain during the dictatorship.

Tal y como mencioné en la anterior entrada, a continuación voy a incluir una serie de párrafos en los que se incluyen testimonios de personas que fueron robadas cuando eran bebés. Debido a la importancia del tema, he decidido incluirlos en una entrada propia. Al final incluyo una serie de recomendaciones para leer sobre este triste suceso de la historia reciente de nuestro país, que todavía no es muy conocido. Empiezo con un par de artículos escritos por Natalia Junquera para elpais.com. El primero de ellos es del 23 de noviembre de 2008 con declaraciones de varias personas que fueron adoptadas ilegalmente y que a día de hoy, todavía buscan sus orígenes. El artículo entero, se puede consultar aquí http://elpais.com/diario/2008/11/23/espana/1227394813_850215.html el segundo de ellos, cuenta la historia de Antonio Barroso, de la asociación ANADIR y fue escrito el 23 de enero de 2011 y que se puede leer en este enlace http://elpais.com/diario/2011/01/23/sociedad/1295737204_850215.html

Antonia Radas:

Tuvieron sólo un año y medio para conocerse, “para hacernos preguntas”, aclara Antonia. “Yo tenía 54 años cuando conocí a mi madre. Ella, 87”. Carmen y Antonia se encontraron gracias a un programa de televisión, Quién sabe dónde. “La reconocí enseguida. ¡Era idéntica a mí, pero con 30 años más! Mi madre me gustó mucho. Era auténtica, tenía un poco de genio, igual que tengo yo”. El año y medio que vivió Carmen desde aquel encuentro se esfumó en presentar a hermanos y nietos, en llorar por el tiempo perdido y en aclarar una mentira.

“Yo siempre pensé que mi madre me había abandonado. Fue lo que me dijeron mis padres adoptivos. Y cuando en mi primera comunión se presentó un chico diciendo que era mi hermano y que me fuera con él porque mi madre me estaba esperando, yo le grité ‘¡es mentira!’. Pero era verdad”.

-Déjanos a la niña, que nosotros te la cuidaremos-, le dijeron a su madre.

– ¡Antes de eso, yo la ahogo!

“Mi madre me contó que había oído que robaban a los niños en la cárcel, por eso reaccionó así. Pero viendo que tarde o temprano me iban a apartar de ella, decidió darme a otra presa que ya salía en libertad para que cuidara de mí los seis meses que le quedaban a ella de condena. Pero la amiga me vendió o me regaló a mi familia adoptiva. Por no querer perderme, al final casi me pierde para siempre”, recuerda Antonia, que a los 54 años descubrió que se llamaba Pasionaria. “A ella la habían hecho presa para coger a mi padre, que estaba en el monte. Él se entregó y lo fusilaron y a mi madre no la soltaron. Me puso Pasionaria para fastidiar a los que habían matado a mi padre. Pero en cuanto mis padres adoptivos me bautizaron, me lo cambiaron por Antonia”.

Antonio Prada Girón:

Aunque nunca supo si seguía vivo o con qué nombre había muerto, Emilia Girón nunca olvidó a su segundo hijo. Quería llamarle Jesús y se lo quitaron en el hospital de Salamanca, adonde la habían desterrado por ser hermana de uno de los guerrilleros más famosos de España, Manuel Girón, El león del Bierzo.

Antes de dar a luz a Jesús, Emilia había sido torturada decenas de veces para que confesara el paradero de su hermano. “Iban a buscarla a casa casi cada día. Una hora después de parirme a mí fueron a por ella y se la llevaron todavía sangrando al puesto de la Guardia Civil para que identificara a un guerrillero que habían matado, para ver si era mi tío. La molieron a palos”, explica Antonio Prada Girón, otro de sus hijos, que ha oído muchas veces aquel relato.

“Yo sé que lo parí. Se lo llevaron para bautizarlo, pero no me lo devolvieron. No lo volví a ver más. Supongo que un matrimonio que no tuviera hijos se lo quedó, pero a mí no me pidieron permiso”, relató Emilia Girón ante la cámara de Montserrat Armengou, autora del documental ‘Los niños perdidos del franquismo’. Ahora es su hijo Antonio quien le sigue buscando. “Mi madre murió el año pasado, a los 96 años, con la pena de no haberle encontrado. No dejó de pensar en él ni un solo día. Porque mi madre lo parió, y de eso no pudo olvidarse”, explica Antonio. “Le tenía siempre en el pensamiento. Nos repitió muchas veces que teníamos otro hermano y que se lo habían robado. Le quería tanto como a nosotros cinco”.

María José Huelga:

Antes de morir, a los 84 años, Marina Álvarez Gutiérrez se hizo cinco pruebas de ADN con cinco mujeres que vivían en Francia, Bélgica, La Rioja, Murcia y Zamora para averiguar si alguna de ellas era su hermana María Luisa. No tuvo suerte. “La primera se la hizo muy ilusionada porque estaba convencida de que iba a ser su hermana. No se imaginaba que hubiera más casos como el suyo, y que habían robado a tantos niños”, explica su hija María José Huelga. Marina no tuvo suerte. Ninguna de aquellas cinco mujeres era la niña que recordaba haber llevado de la mano hasta el carguero inglés en el que fueron evacuados a Burdeos. Intentando poner a sus seis hijos a salvo, su padre pidió para ellos un pasaporte de guerra. “Le dijeron que no les iba a pasar nada, y mira lo que pasó. Mi madre tenía entonces tres años y medio y mi tía, poco más de un año. Iban a Burdeos pero al final los separaron a todos. María Luisa, la más pequeña, nunca volvió”.

Mientras el miedo a Franco le impidió preguntar por ella a la Guardia Civil, Marina acudió con frecuencia a un echador de cartas para saber cómo estaba su hermana. “Le decían que estaba viva y mi madre se quedaba contenta. Siempre estaba pensando en ella, imaginando cómo sería ahora su hermana. A veces decía: ‘Siento que no está muerta. A lo mejor es monja…’. Toda la vida tuvo la angustia de haberla perdido”, recuerda María José. “Por eso ahora, si consigo encontrar a mi tía, por una parte va a ser una alegría, pero por otra va a ser una pena tremenda, porque mi madre se ha muerto sin verla. Aún así me encantaría encontrarla y decirle que no la abandonaron. Poder contarle lo que pasó y quién es. Nadie se merece menos que eso. Pero es tan difícil… si nosotras encontramos cinco mujeres con casos parecidos y ninguna era mi tía, ¿cuántos niños habrán podido robar los franquistas?”.

María Calvo:

María ha tenido, en 76 años, cuatro nombres distintos: fue María del Carmen Calvo García al nacer. María Expósita en Francia. María Pérez Gómez de vuelta a España. Y para que pudiera casarse, le pusieron María López García, los apellidos de sus padres adoptivos. El suyo, el que le habían puesto sus padres, lo descubrió hace muy poco. “Te llamas Carmen Calvo García”, le tuvo que decir Florencia, su hermana, que también la encontró gracias a Paco Lobatón, casi 70 años después de que un bombardeo alemán las separara en Francia cuando María aún era muy pequeña para recordar aquella imagen.

“Mi madre no sabía cómo se llamaba. Tuvo que ir a la televisión para saber quién era. Y a un forense para que le dijera mirándole la dentadura cuántos años tenía. ¿Puede haber algo más penoso?”, se pregunta su hija Encarnación, que pide hablar en nombre de su madre para que ella no sufra recordando la vida que perdió.

Como tantos otros niños, María y Florencia llegaron a Francia huyendo de una guerra y tropezaron con otra. Fueron a parar a distintas familias en Francia. Hasta que Franco reclamó la repatriación de los 34.037 niños que el Gobierno rojo había expatriado durante la guerra obedeciendo “a consignas emanadas del Kremlin con objeto de obtener valiosos instrumentos para sus planes ulteriores”, según un informe de Falange sobre las repatriaciones, de noviembre de 1949. Las hermanas fueron separadas y tuvieron vidas muy distintas.

“Mi madre recuerda perfectamente el día en que su madre adoptiva la recogió en el colegio al que la habían llevado en Madrid. Pusieron a todas las niñas en el patio y mi abuela dijo: ‘Esa es la que quiero’. Le dijo ‘soy tu madre’ y se la llevaron a Jumilla (Murcia)”, explica Encarnación. “Florencia tuvo una vida muy distinta. La pobre sufrió mucho…”.

Entró en un asilo a los 10 años y no salió de él hasta los 18. “Me quedé hasta ciega de tanto llorar. Recién llegada de Francia, me oriné más de una vez en la cama y las monjas me ponían las sábanas por la cabeza. Me hacían pasar por el comedor de los niños con la sábana mojada para que me diera más vergüenza…”, relata Florencia en el documental Los niños perdidos del franquismo justo antes de ahogarse en su propia voz. Falleció hace años, poco tiempo después de que el ADN confirmara que la mujer a la que había encontrado en Quién sabe dónde era su hermana. María nunca se había atrevido a preguntar a sus padres adoptivos si era verdad lo que le habían dicho otras niñas: “Tú no eres tú”. Cuando se estaba muriendo, su madre adoptiva le confesó que había “un secreto”, pero le dijo que se lo llevaría a la tumba. Y así fue. Con la ayuda de su hija, María comenzó a buscar su identidad. Hasta que vio a su hermana en Quién sabe dónde. “No te conozco pero yo te quiero mucho”, le dijo ella. Florencia nunca se había creído lo que le habían dicho en el asilo: María está muerta. La tiraron por la ventanilla del tren”.

El caso de Antonio Barroso:

Antonio Barroso descubrió hace tres años, con 38 ya cumplidos, que su vida era una mentira. “Me llamó un amigo y me dijo que nuestros padres, que eran amigos también, nos habían comprado en Zaragoza. A él se lo había dicho su padre”. A escondidas, sin que su madre se enterase, Antonio cogió un bastoncillo y le tomó una muestra para hacerse una prueba de ADN. Salió negativa. “Todas las veces que me había contado cosas del embarazo y del parto era una invención. Tengo todo falsificado. No sé quién soy. No sé cómo me llamo”. Inmediatamente después de ver aquellos resultados, quiso encontrar a su familia. “No es lo mismo saber que te adoptaron a que te robaron a una madre. En mi caso me vendió una monja por 200.000 pesetas. Cada año íbamos a verla a Zaragoza, se llamaba Montserrat”.

Su madre adoptiva sabe ahora que está buscando a su verdadera madre. “Aún no he podido hacerle todas las preguntas que me gustaría. Tenemos una conversación pendiente. Ella compró un niño, pero no sabía que lo habían robado. Mis padres también son víctimas. El médico decía que era hijo de un analfabeto y una prostituta, o que los padres habían muerto. No sabían que estaban cometiendo un delito”.

No tiene rencor hacia los padres con los que se ha criado, pero “las 24 horas del día, desde que me enteré de esto, siento la necesidad de encontrar a mi madre, contarle lo que pasó, darle un abrazo”, cuenta por teléfono. “Me ha ayudado contactar con otras personas en mi misma situación. Nos apoyamos mucho. Esto es muy duro. Es como si hubiésemos estado secuestrados. Nos han robado nuestra identidad. La justicia tiene que hacernos caso”.

Los dos casos que expongo a continuación son los de Paloma Pérez Calleja y de Juani Fernández. La primera fue un bebé robado y busca sus verdaderos orígenes, la segunda, busca a su hermano pequeño nacido en 1963 en la clínica santa Cristina de Madrid y dado en adopción de forma ilegal al poco de nacer. Ambas mujeres fueron entrevistadas por Euronews, el canal de noticias europeo. Dichas entrevistas, pueden leerse de forma completa en el siguiente enlace. http://es.euronews.com/2014/03/27/espana-el-escandalo-de-los-bebes-robados/

Paloma Pérez Calleja:

57 años, su condición de bebé robado es una realidad confirmada. En 2004, hizo una prueba de ADN con un cepillo de dientes de su madre y el resultado fue, como sospechaba, negativo.
“Me enteré que era una niña robada mediante una discusión que hubo en casa. Mi madre me dijo que yo no pertenecía a la familia, que mi familia era mi marido y mis hijas y que su familia era su hermana y sus sobrinas.
A mi madre cuando me entregaron, le dijeron que mi madre biológica no me quería, que mi madre biológica era una prostituta y que no me quería”.

En 2010 llevó su caso ante la justicia con otras víctimas, pero fue archivado. La Audiencia Nacional acaba de reabrirlo al considerar el caso gravísimo dada la prolongación en el tiempo de la detención ilegal. “Yo creo que me deben encontrar a mi verdadera familia, puesto que yo salí de aquí con dos horas de vida, ellos tienen la obligación de buscarme a mi madre biológica”.

Juani Fernández:
“Cuando empieza a salir todo esto de los niños robados, sale muchísimo por todos los medios de comunicación Santa Cristina, santa Cristina… claro, yo sabía que mi hermano había fallecido, pero yo no sabía si a mi madre se lo habían robado o no, y entonces lo primero que yo hago es buscar un bautizo, y busqué el bautizo y es cuando vi que era falso, que nunca se celebró”.

El análisis de la policía científica confirmó que el certificado de bautismo expedido por el Arzobispado de Madrid era falso.
Otros documentos estaban cuajados de contradicciones sobre la hora y la fecha del nacimiento y de la muerte del bebé.

“La jueza ha estado dos años haciendo la instrucción, ha corroborado que hay delito de detención, que está todo lleno de irregularidades, que está todo falsificado. Lo que yo no entiendo es por qué ha hecho el sobreseimiento provisional. El por qué lo ha archivado, ¿por qué no ha seguido buscando? ¡Eso es lo que yo no entiendo de la justicia en España!”.

Soledad Luque busca a su hermano mellizo Francisco, nacido en 1965 en Madrid, y, al igual que el caso de Juani Fernández, también fue entregado de forma irregular. Llegados a este punto hay que señalar la obsesión que tenía los miembros de esta red de robo de bebés por los partos de dobles, ya que eran bebés muy bien pagados. Normalmente a la madre biológica uno de ellos y el otro se lo quedaban ellos para venderlo a otra pareja, normalmente de dinero o adicta al régimen. Para profundizar en esta tragedia, a los padres les decían que el bebé había nacido muerto o que había fallecido al poco de nacer. El artículo apareció en eldiario.es el 8 de octubre de 2016 y puede leerse completamente aquí http://www.eldiario.es/aragon/sociedad/bebes-robados-familias-victimas-Franquismo_0_567293476.html

Soledad Luque:

“Mi hermano mellizo Francisco y yo nacimos en 1965, en plena Dictadura de Franco, éramos los pequeños de una familia de 10 hermanos. Según la versión oficial, Francisco nació con un peso bajo y lo llevaron a la incubadora. Durante el tiempo que estuvo allí, casi tres semanas, mis padres y mi hermano mayor iban a visitarle; los informes de la monja que les atendía eran muy positivos, les comentaba que el bebé se iba recuperando hasta que llegaron a decirles que podrían llevárselo a casa al día siguiente. Sin embargo, cuando mi padre volvió al hospital, el médico le dijo que Francisco había fallecido. Mi padre pidió ver el cadáver, le dijeron que no podía ser porque estaba en el depósito y lo tenían que preparar.

Mi padre volvió con mi hermano mayor para recoger el cadáver al día siguiente y ya les dijeron que lo habían incinerado sin permiso. Pidieron que les dieran las cenizas, les respondieron que habían desaparecido. Yo no había vivido todo esto y, por tanto, no sospechaba nada, pero mis hermanos mayores siempre tuvieron en mente que había ocurrido algo extraño con mi hermano Francisco.

En otoño de 2010, un día mi hermana me llamó por teléfono para preguntarme si en algún momento yo había pensado que Francisco pudiera estar vivo. Yo le dije que no, pero ella me confesó que sí lo había pensado y me cuenta que los detalles de muchos casos de bebés robados que empiezan a aparecer en los medios de comunicación coinciden con el nuestro: un niño que muere de un día para otro, no pueden ver el cadáver, no pueden enterrar nada… Mi hermana y yo decidimos empezar a buscar documentación sin decir nada al resto de la familia para evitarles entrar en este tremendo pozo sin fondo que es la búsqueda de un desaparecido.

Fuimos recopilando documentos y en febrero de 2011 convocamos una reunión familiar para explicarles a todos que habíamos encontrado muchas contradicciones. Para mí, fue una sorpresa que prácticamente todos mis hermanos dijeran que menos mal que alguien de la familia se había decidido ya a buscar a Francisco porque todos habían leído noticias sobre casos de bebés robados y a todos les había saltado la alarma. Prácticamente todos decidimos presentar una denuncia.

Para que estos casos se produjeran durante tanto tiempo, desde el 36 hasta por lo menos el 87, tiene que haber unas estructuras del Estado que potencien, permitan, miren para otro lado o que lo amparen. Hay figuras de poder como los médicos, las monjas, todos los funcionarios… que pueden hacer de su posición un abuso de poder. ¿Esto quiere decir que no somos víctimas de Franquismo? Al contrario, lo que reivindicamos que somos tan víctimas como cualquier fallecido de otros crímenes de ese momento y también de su herencia posterior; porque siento decir que de la misma forma que un médico o un funcionario podía actuar en la Dictadura, siguió haciéndolo en los primeros años de democracia.  Aquí, de ruptura, nada; fue un continuismo claro, puro y duro. Por eso, nuestra postura ética y política en el tratamiento de robo de bebés es enmarcarlos dentro de los crímenes del Franquismo y de su herencia posterior. No es una trama mafiosa, sino terrorismo de Estado, nuestro crimen participa del genocidio que se produjo en España”.

Termino con el caso de José, nacido en la clínica de san Ramón de Madrid en julio de 1976, y que contaba lo siguiente al periodista de El País el 21 de febrero de 2009. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/02/21/actualidad/1235170802_850215.html

José:

“Nací muy prematuro y tuve que estar cinco días en la incubadora. Cuando me trasladaron desde Madrid a Valencia en un taxi, seguía estando muy débil. Y mi madre me contó que los trabajadores del San Ramón le dijeron: ‘No se preocupe. Métalo en el maletero, y si se muere, lo tira y le damos rápidamente una niña’. ¿Cómo le podían decir eso?”, se queja José. […] “Llevo más de diez años buscando, intentando saber quién es mi madre natural, para aclarar si ella me abandonó conscientemente o si todo fue fruto de una compraventa”, relata José en su vivienda, rodeado de su joven esposa y de su hijita. “A mí me contaron mis padres adoptivos, ya fallecidos, que soltaron dinero a espuertas y que temblaban cada vez que recibían la visita de algunas personas que intermediaron en el proceso de adopción”, agrega. Y entre ellas cree que estaban una mujer oriunda de Xàtiva y un sacerdote, ya jubilado, que ejercía su ministerio en Madrid.

Recomendaciones y bibliografía:

-José Luis Gordillo “Los hombres del saco”, Enrique Vila Torres “Historias robadas”, Carlos Giménez “Paracuellos” (el comic), Ricard Vinyes “Irredentas” y como no, la bibliografía incluida al final de la anterior entrada de este blog y que se puede consultar un poco más abajo.

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