La evacuación del museo de El Prado durante la guerra de España/ The evacuation of El Prado museum during Spain’s civil war

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La fachada principal del museo. Fuente: wikipedia

During the summer of 1936, the Spanish government feared that El Prado museum was going to be attacked by Franco’s army, his Italian and German allies or that the place as going to be looted. These fears were confirmed in November of that year, when the museum was bombed by Italian and rebel planes. The government of the Spanish Republic took the difficult decision to evacuate the most important pieces of art and transported them first to Valencia and then to La Vajol, a town in North Catalonia. With the war almost finished in February 1939, there was a treaty between the Spanish Republic and the League of Nations (the organization that existed before The UN). In the Treaty of Figueras, they decided to transport the Spanish art to Switzerland to a safe place because there were suspicions that the rebels would use the art from El Prado museum to pay war debts to Italy and Germany. Finally, the works of art returned to El Prado museum in September 1939. The dictatorship didn’t recognise the effort to save those works of art and hid it during many years.

Durante el verano de 1936, el gobierno español tenía el temor que el museo del Prado fuese atacado tanto por los aviones del ejército de Franco, por sus aliados italianos y alemanes o que el lugar fuera saqueado. Estos miedos se confirmaron cuando en noviembre de 1936, el museo fue atacado en un bombardeo. Entonces el gobierno de la República tomó la difícil decisión de evacuar el museo y de llevar sus obras de arte más importantes, primero a Valencia y luego a La Vajol, un pueblo en el norte de Catalunya. Con la guerra casi terminada en febrero de 1939, el gobierno firmó un acuerdo con la Sociedad de Naciones (SDN, existió antes que la ONU). En el Tratado de Figueras, se decidió transportar estas obras de arte a un lugar seguro en Suiza, ya que existía la sospecha que los rebeldes las usarían para pagar deudas de guerra a Italia y Alemania. Finalmente, las obras de arte volvieron al museo del Prado en septiembre de 1939. La dictadura no reconoció el esfuerzo que se hizo para salvar estas obras de arte e incluso lo ocultó durante muchos años.

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El pintor Timoteo Pérez Rubio, uno de los principales protectores de las obras de El Prado. Fuente: extremenosilustres.wikispaces.com

La idea de la evacuación de las obras de arte del museo de El Prado tuvo su origen en los días posteriores al fracaso del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en Madrid. Tras sofocar la rebelión en el cuartel de La Montaña, en la ciudad se instaló un vacío de poder en la que se produjeron ajustes de cuentas así como el saqueo y destrucción de obras de arte. En lo referente al patrimonio artístico (sobre la represión en la retaguardia hablaré más adelante), el gobierno republicano creó el 23 de julio la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, Carlos Montilla fue su primer presidente y dependía de la Dirección General de Bellas Artes. El poeta José Bergamín y la Alianza de Intelectuales Antifascistas (entre los que se encontraban Rafael Alberti y Teresa León) estaban detrás de la creación de este organismo. En principio, la actuación de esta institución, se limitaba a ejercer control sobre los edificios ocupados por partidos y sindicatos y a guardar en lugares seguros obras de arte que fueran susceptibles de ser destruidas. Sin embargo, todo esto cambió poco después. El 28 de agosto, Madrid fue bombardeada por primera vez en el curso de la guerra (los ataques siguieron toda la contienda), y, entre eso, y el avance de las tropas nacionalistas hacia la capital (dando lugar a la Batalla de Madrid, ver aquí https://blogdehistoriaderafa.wordpress.com/2016/11/29/la-batalla-de-madrid-durante-la-guerra-civil-espanola-the-battle-of-madrid-during-the-spanish-civil-war/ ) hicieron ver al gobierno, en la necesidad de transportar las obras de arte a un lugar seguro para mantenerlas a salvo. El primer paso fue el cierre del museo el 30 de agosto.

Con el museo cerrado, los primeros lugares para proteger las obras de los bombardeos de los rebeldes y sus aliados italianos y alemanes fueron la basílica de San Francisco el Grande y el convento de las Descalzas de Madrid. Sin embargo, ambos edificios se verían afectados por varios ataques y, haciendo caso a la idea del pintor Josep Renau (1907-1982), se decidió trasladar las obras de arte a Valencia. Este plan contó en principio con la oposición del director en funciones del museo, Francisco Javier Sánchez Cantón (el pintor Picasso fue nombrado a título simbólico director del museo), pero se siguió adelante. Tras darse la orden el 5 de noviembre, pocos días después, y bajo la supervisión del diputado comunista Florencio Sosa (1901-1975) y la protección de los soldados del Quinto Regimiento del EPR, un grupo de 37 cuadros (de Velázquez, Tiziano, Goya, Tintoretto) salió con destino a la capital valenciana. El sindicato de ferroviarios aportó la madera de los embalajes para proteger los cuadros y el EPR los camiones. Un segundo envío, con 67 cuadros más, salió el día 10, llegando a su destino casi dos días después. Los camiones iban casi sin luces para evitar ataques de la aviación rebelde y para evitar accidentes con los cuadros, no podían ir a más de 15 km/h. Sobre las condiciones del transporte, Josep Renau lo describía así:

“Estos transportes tuvieron que efectuarse en plena guerra y bajo la constante amenaza de los aviones. Fue preciso aprovechar las noches más oscuras, y parar los motores y apagar los faros a la más mínima alerta”.

Un momento en la evacuación de El Prado (izq) y embalaje del cuadro La familia de Carlos IV de Goya (dech). Fuente: cvc.cervantes.es

El lugar destinado para albergar estas obras fueron las Torres de Serranos, unas fortificaciones del siglo XIV que constituían una de las entradas a la ciudad medieval, y la iglesia del Patriarca (construida entre finales del siglo XVI y principios del XVII). Ambos edificios fueron muy reforzados siguiendo las indicaciones del arquitecto José Lino Vaamonde (1900-1986) y que contaría sus experiencias en la evacuación del Prado en un libro publicado en Caracas en 1973, ya que en España no podía por la dictadura.  Manuel Arpe y Tomás Pérez se encargaron de la conservación y de las restauraciones que se tuvieron que hacer a los cuadros que llegaron hasta Valencia.

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Las Torres de Serranos en la actualidad. Fuente: wikipedia

Pese a que los sacos terreros y otras medidas de refuerzo y que había vigilancia las 24h y un retén de bomberos que protegía el museo, el proceso de catalogación y embalaje de las obras para su posterior evacuación se aceleró. Tras el ataque que sufrió Madrid el 16 de noviembre, el que el museo de El Prado fue alcanzado por bombas incendiarias de calcio líquido, así como la Biblioteca Nacional, El Museo Arqueológico, el Archivo Histórico y el Palacio de Liria. En el mes de noviembre se llevaron nuevas obras y también en diciembre, ya bajo la gestión del matrimonio compuesto por Rafael Alberti (1902-1999) y Teresa León (1903-1988). Ambos quedaron muy impresionados por una visita nocturna una de las noches antes de la evacuación. Así lo relató la propia Teresa en “Memoria de la melancolía” (Bs As, 1970):

“Jamás soñé entrar en el Museo del Prado bajando una escalerilla insospechada y, mucho menos, llevando en la mano un documento oficial autorizándome para empresa tan grande: trasladar a Valencia los cuadros del museo Del Prado[…] Una linterna iluminó nuestros pasos. Rafael se puso tan serio, que sentí miedo al adivinar lo que pensaba: ¿cómo vamos a poder cumplir lo que nos han ordenado? Entramos en un sotanillo, pasamos silenciosos entre cuadros vueltos del revés, uno sobre otros, bajados de las salas altas a un precario refugio. Arriba todo el Museo estaba en pie de guerra. Las ventanas habían sido protegidas por maderas y sacos terreros, la larga sala central era como una calle después de una batalla, la huella de los cuadros manchaba de recuerdos melancólicos las paredes desnudas, hasta la luz que bajaba de las cristaleras rotas era funeralmente triste”.

Decir como curiosidad, que en este viaje, a la altura del Puente de Arganda, el cuadro de Las Meninas de Velázquez tuvo que ser pasado de forma manual entre unos 8 hombres porque por sus dimensiones, esta pintura chocaba con la estructura metálica del puente. Los viajes se sucedieron los meses siguientes (el 2 de enero fue el turno de Las Lanzas, de Velázquez y otros del mismo autor), entre febrero y marzo de 1937, se realizaron nuevos traslados, aunque menos porque Sánchez Cantón no veía bien dicho envío y temía por la seguridad de los cuadros y hubo que esperar a finales de mes para que 32 nuevos cuadros llegasen a Valencia. Cuando el pintor extremeño Timoteo Pérez Rubio (1896-1977) fue nombrado presidente de la Junta el 5 de abril de 1937, se hicieron nuevos traslados (mencionar aquí la inestimable labor de su esposa Rosa Chacel). El 7 de abril fueron entre otros Los Borrachos de Velázquez y las Tres Gracias de Rubens, así como una primera edición del Quijote y otros libros de gran valor provenientes de la Biblioteca Nacional. El 12 de abril fueron la Fragua de Vulcano y el Jardín del Amor, de Velázquez y Rubens respectivamente, así como otros a lo largo del verano y otoño de ese año.

La situación del patrimonio artístico español, se hizo muy sensible en el verano de 1937 a nivel internacional. El 20 de junio, Frederik Kenyon, que había sido director del British Museum, expresó su preocupación por él en un artículo en la revista Times. Para tranquilizar en ese aspecto a la comunidad internacional, el embajador español en Londres, Pablo Azcárate, le invitó a él y a James G. Mann (conservador de la Wallace Collection) a que visitaran Madrid y Valencia y vieran el estado de las obras. Tras su visita, ambos dejaron el país satisfechos y escribieron artículos elogiando al gobierno republicano por su labor en defensa del arte en las revistas Times y Mouseion. La prensa republicana española también reprodujo ampliamente esos artículos.

Entre marzo y abril de 1938 nuevos traslados se hicieron entre Madrid y Valencia, sin embargo, ante la presión militar de los rebeldes y sus aliados, se hizo necesario pensar en un nuevo destino para esas obras. Con el gobierno en Barcelona, los destinos elegidos fueron la fortaleza de Figueras (s XVIII), el castillo de Perelada, y en galerías a 250 m de profundidad en una mina de talco en La Vajol, en Girona. Se hicieron 7 expediciones en 36 camiones para llevar los cuadros hasta allí. Durante esos días hubo momentos en los que se mascó la tragedia, a la altura de Benicarló (Castellón), y como consecuencia de un bombardeo rebelde, uno de los camiones chocó contra una casa de la que se desprendió un balcón que cayó encima de ese camión, dañando un cuadro de Goya (que luego pudo ser restaurado en Perelada). Además, el último de los camiones que transportaban los tesoros artísticos pudo atravesar el pueblo de Vinaroz (Castellón) momentos antes de ser ocupado por los rebeldes.

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Exteriores de la mina de talco en La Vajol. Fuente: laopiniondezamora.es

En enero y febrero de 1939, ya con la guerra prácticamente perdida para la República (Catalunya cayó a lo largo de estos dos meses), las actuaciones para salvar el patrimonio artístico se multiplicaron. El gobierno movilizó a Marcelino Pascua y Pablo Azcárate (embajadores en París y Londres respectivamente) para que buscasen ayuda en la Oficina Internacional de Museos (OIM) y otros organismos para sacar el patrimonio artístico de España. Al parecer, había motivos más que fundados para sospechar que los cuadros del museo podrían ser utilizados para que Franco pagase deudas de guerra a Italia y Alemania (Álvarez del Vayo). También, y por su cuenta, aunque informando a los rebeldes en todo momento, se movió el pintor Josep María Sert (1874-1945) aunque como apoyaba a Franco, castellanizó su nombre a José, buscando a sus propios contactos (entre ellos Joseph Avenol, secretario de la SDN y considerado un hombre pusilánime y partidario de la No Intervención), aunque tuvo reuniones con Julio Álvarez del Vayo (1891-1975), ministro de la República para poder llegar a un acuerdo.

Como resultado, se creó el llamado Comité Internacional para el Salvamento de los Tesoros Artísticos Españoles, en el que hubo representantes de España, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Representantes de este comité llegaron a Figueras el 2 de febrero de 1939 para negociar con el gobierno el traslado de las obras a Suiza. Las negociaciones duraron horas y durante la noche tuvieron que hacerse bajo la luz de unas cerillas, casi a oscuras, debido a que los bombarderos rebeldes habían dejado a Figueras sin electricidad. El conocido como Tratado de Figueras, por el cual se autorizaba el traslado a Ginebra de las obras de arte del Prado, tuvo que ser firmado con la iluminación de las luces de un coche, el 3 de febrero. Jacques Jaujard (director del Louvre y que luego usaría el plan republicano como modelo durante la 2GM así como en otras guerras que ha habido después) y Neil MacLaren firmaron el acuerdo como representantes de la SDN, Álvarez del Vayo, Miguel A. Marín y Timoteo Pérez Rubio lo hicieron por el gobierno de la República. El gobierno siempre dio gran consideración al Prado y a sus tesoros, hasta el punto que el presidente de la República Manuel Azaña dijo a su Primer Ministro Juan Negrín que el museo de El Prado era más importante que la monarquía y la República juntas.

Ese mismo día 3, varios camiones del EPR atravesaron la frontera hispanofrancesa en Le Perthus camino de Perpignan con los cuadros de El Prado. Hubo movimiento de camiones hasta el 9 de febrero (ese día un camión se estropeó y los voluntarios tuvieron que cruzar la frontera con los cuadros en sus brazos). Uno de los motivos por los que se tardó tantos días fue la intensificación de los bombardeos de los rebeldes, así como italianos y alemanes sobre la zona, a pesar de conocer de antemano la ruta que los 71 camiones tomaron. Y todo esto a pesar que Sert les avisó de ello a través del duque de Alba, agente de Franco en Londres, tal y como demuestra este telegrama y otros documentos similares:

“Comité Internacional Museos dice que no puede tomar responsabilidad transporte cuadros si no se tiene seguridad durante viaje no será bombardeado. Nos proponemos empezar transportar a las 5 de esta tarde y continuaremos mañana viernes y pasado mañana. Trayecto Peralada-Figueras-Le Perthus. ALBA”

En Perpignan, las obras fueron llevadas hasta Ginebra en tren, en el que también estaban los funcionarios republicanos de la Junta y escoltadas por el XX Regimiento de Dragones del ejército francés. Llegaron a la estación ginebrina de Cornavin (Sert había intentado llevarse los cuadros antes que se transportasen en el tren) el 13 de febrero en un ambiente de gran expectación en la ciudad. Los miembros de la Junta y los cuadros fueron recibidos por la prensa y una multitud de personas que querían ver esas obras de arte. En total, 1868 cajas que pesaban un total de 140 toneladas que llevaban lo mejor del arte español, fueron depositadas en el Palacio de las Naciones bajo vigilancia de funcionarios de la SDN. Incluso en este momento en el que parecía que todo estaba tranquilo, hubo momentos de ansiedad para los protectores del patrimonio artístico cuando Francia, Suiza y Gran Bretaña reconocieron al gobierno de Franco, ya que ello les dejaba en un vacío legal. Afortunadamente, el Comité y la SDN mantuvieron su palabra y por el momento no entregaron los cuadros al futuro dictador. Además, la cosa se complicó también para Sert, ya que Franco envió a Eugeni d’Ors (con el que tenía una enemistad declarada a pesar de ser los dos simpatizantes del futuro dictador) para reclamar el retorno de los cuadros y el primero fue marginado.

Poco después de terminar la guerra en España la situación cambió. La dictadura aumentó la presión para que se devolvieran los cuadros. En mayo, se devolvieron algunos de ellos y el resto lo serían tras la exposición que se celebró en el Musée d’Art et Histoire de Ginebra en el verano de 1939. Esta exposición fue un éxito, ya que se calcula que fueron unos 400.000 los visitantes que tuvo, hasta el periódico estadounidense New York Times la consideró como el evento cultural del año.

Poco después, a principios de septiembre de 1939, y en un viaje por tren bastante discreto, ya que la Segunda Guerra Mundial acababa de estallar, las obras del Prado volvieron a Madrid. A las 13 horas del 9 de septiembre, y en un ambiente ultranacionalista, las obras llegaron a la Estación del Norte, desde donde fueron llevadas de nuevo al museo de El Prado. La prensa del régimen dictatorial español estaba exultante “por fin está completo el Prado”, llegó a decir el ABC. Como las obras evacuadas estaban en el mismo estado de conservación en el que estaban antes y no se había perdido ninguna (algo que reconocieron entre otros, el marqués de Lozoya, director de Bellas Artes de Franco), la dictadura no desaprovechó la oportunidad para desarrollar toda su propaganda, diciendo que había sido el dictador quien se había asegurado que eso fuera así. Sin embargo, por lo que he escrito antes, ya sabemos que no fue así.

Los verdaderos protectores del patrimonio artístico fueron otros. Podemos citar a Manuel Gómez Moreno y sus hijas Elena y Natividad, Enrique Lafuente Ferrari, Diego Angulo, José María Lacarra, Buero Vallejo, Gratiniano Nieto, Javier Feduchi o Alejandro y Ángel Ferrant. Algunos de ellos pudieron quedarse si realizaban un juramento de fidelidad a la dictadura (el régimen estaba muy escaso de técnicos y tuvo que hacer excepciones en sus purgas laborales para tener a profesionales como ellos), sin embargo otros como Timoteo Pérez, José Lino o Giner Pantoja se negaron y se quedaron en el exilio. Además, el dictador faltó a su compromiso con la SDN y no sufragó los gastos de repatriación del tesoro artístico, cosa que tuvieron que hacer de su bolsillo Francesç Cambó y los duques de Alba y Romanones. Sert tampoco vio reconocido su papel en este proceso y permaneció en el olvido. La dictadura además ocultó todo lo que pudo la gestión de la Junta y del Comité en la evacuación del Prado, no fue hasta la recuperación de la democracia cuando se empezó a hablar de nuevo de este tema. El reconocimiento definitivo llegaría a partir de 2003, cuando se realizó una exposición en El Prado y se colocó una placa que recuerda esta gesta (antes hubo actos similares en Ginebra), poco después se realizaría el documental ‘Las cajas españolas’ (el enlace está más abajo) y se concedería la Medalla de las Artes y las Letras de nuestro país a los museos y a los descendientes de aquellas personas que, tanto en la Junta como en el Comité Internacional, intervinieron en el salvamento del patrimonio artístico de nuestro país. Desde entonces, los recordatorios han sido constantes tanto en la prensa como en otros actos.

Pensemos en ello la próxima vez que visitemos el museo de El Prado.

Efecto de las bombas sobre el Museo del Prado · Sala de Italianos

Una muestra de los efectos del bombardeo a El Prado el 16/11/1936. Fuente: Isabel Argerich y Judith Ara (eds.) Arte Protegido. Memoria de la Junta del Tesoro Artístico durante la guerra civil

 

Bibliografía:

-Arturo Colorado “Éxodo y exilio del arte. La odisea del Prado durante la guerra civil” Cátedra, Madrid 2008

-Susana Calvo Padilla “El salvamento del museo del Prado” en cvc.cervantes.es, octubre-diciembre 2009

-Ángela García Lerma “El traslado del tesoro artístico español durante la guerra civil” Universidad de Jaén, Jaén julio 2016

-Rebeca Saavedra “El patrimonio artístico español durante la guerra civil “Universidad de Cantabria, Santander 2013

-Isabel Argerich y Judith Ara (eds.) “Arte Protegido. Memoria de la Junta del Tesoro artístico durante la guerra civil” Museo Nacional del Prado, Madrid 2003 (ed. corregida en 2009)

-Julián Casanova y Carlos Gil Andrés “Historia de España en el siglo XX”  Ariel Historia, Madrid 2009

-Obra de teatro de Rafael Alberti “Noche de Guerra en el museo del Prado” (1956). En España no se pudo representar hasta el 29 de noviembre de 1978 en el teatro María Guerrero de Madrid, con Juan Diego y Carmen Maura en papeles destacados.

-El documental de Alberto Porlán “Las cajas españolas” (2004) https://www.youtube.com/watch?v=_k8GSiiiM98

-Artículos de periódicos y páginas web: Alejandro Torrús (publico.es), Antonio J. Martínez, Arturo Colorado (elpais.com), Wikipedia, museodelprado.es, R. Pérez Barredo (diariodeburgos.es), elartecomoarte,blogspot.es, Fernando Bertaziolo (diariodeibiza.es), Rafel Montaner (levante-emv.com), historiadeiberiavieja.com, rtve.es Hugo Beccacece (lanacion.com.ar), Antonio Suárez Varela (swissinfo.ch), Juan Carlos Algañazar (clarín.com), Carlos Aimeur (valenciaplaza.com), Adolfo de Mingo (latribunadetoledo.es), laopiniondezamora.es

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Los miembros del Comité Internacional en Ginebra. Fuente: Isabel Argerich y Judith Ara (eds.) Arte Protegido. Memoria de la Junta del Tesoro Artístico durante la guerra civil

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